Combustibles: petroleras se suman a la estrategia de YPF para contener la suba
Productoras, refinadoras y minoristas sellaron un acuerdo que hará que los valores de la nafta y el gasoil se mantengan estables. La medida, que incluye a toda la industria, ya rige en todo el país
En medio de la creciente tensión geopolítica en Medio Oriente y una escalada del precio internacional del petróleo que sacudió los mercados, las principales petroleras que operan en Argentina se plegaron a YPF e implementaron una estrategia común para mantener estables los precios de los combustibles.
El acuerdo, que regirá durante al menos las próximas seis semanas, busca evitar que el aumento del crudo se traslade de inmediato al consumidor final. Según revelaron fuentes con conocimiento de las negociaciones a Infobae, esta decisión responde principalmente a la caída de la demanda, especialmente en el interior del país, a la vez que busca ofrecer mayor previsibilidad a los usuarios frente a la volatilidad global.
El entendimiento se alcanzó por iniciativa de las propias compañías, sin intervención directa del Gobierno, y funciona como el detrás de escena del anuncio que realizó YPF en las últimas horas.
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Entonces, el esquema acordado consiste en tomar el valor del crudo correspondiente a marzo como referencia para las transacciones internas.
De esta manera, los productores facturarán según la cotización internacional de cada momento —por ejemplo, el barril llegó a USD 119 en picos recientes, aunque actualmente ronda los USD 109—, pero los refinadores abonarán el valor vigente hasta el mes de marzo.
La diferencia se acumulará en una cuenta compensadora a saldar con el tiempo. En la práctica, eso significa que el precio en el surtidor quedará invariable: si la guerra se resuelve y el crudo baja, la nafta no descenderá de inmediato, para cubrir lo no abonado anteriormente.
Este acuerdo tiene alcance nacional y estará vigente, por ahora, durante 45 días desde el 1° de abril. La medida constituye lo que YPF definió como un “amortiguador de precios”, creado en respuesta al desplome del consumo en el interior del país.
Al finalizar el período estipulado, las empresas volverán a evaluar la situación, en función del desenlace del conflicto bélico y la evolución del mercado energético internacional.
Cabe destacar que, mientras el crudo determina aproximadamente el 40% del valor final en el surtidor, el precio del combustible en la Argentina se compone también de otras variables. De hecho, el 60% restante obedece a impuestos, costos de refinación, logística, añadido de biocombustibles y margen de las estaciones y refinerías.
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El mecanismo permite mantener precios estables en el corto plazo, aunque difiere parte del ajuste hacia adelante Fotografía: Adrián Escandar
Con este esquema, la industria puede moderar el impacto de la suba del petróleo, pero no controlar factores externos, como cambios fiscales o variaciones del tipo de cambio, por lo que cualquier alteración en esos aspectos, sí tendrá un efecto en el precio final que pagan los automovilistas en las estaciones de servicio.
Sin embargo, el Gobierno anunció a fines de marzo que postergó la actualización de impuestos prevista para abril, medida que se suma a la estabilización cambiaria vigente y refuerza el contexto de precios.
Las perspectivas del sector energético tras la guerra
Sobre el futuro inmediato, las petroleras anticipan que la duración del pacto dependerá de la extensión del conflicto internacional. Si las hostilidades terminan y la cotización del Brent desciende, no se espera un regreso a los niveles prebélicos de USD 60 por barril. “Durante la guerra se destruyó mucha infraestructura de la cadena energética, por lo que no será simple ni rápido reconstruirla”, sostuvieron las fuentes empresarias.
El sistema adoptado protege la rentabilidad de los productores, que no resignarán ganancias, sino que las percibirán de modo diferido en el tiempo, explicaron quienes participaron de las negociaciones.
En síntesis, el mercado petrolero local optó por una salida interna para enfrentar una coyuntura internacional desfavorable que prioriza la previsibilidad de precios y el sostenimiento del consumo ante un contexto de sobreoferta global que moderó parcialmente la suba del precio del crudo.