El 18 de julio, una profesora de una escuela primaria de Seúl en Corea del Sur apareció muerta dentro del armario de su clase. Se había suicidado. Tenía 23 años. Dos semanas antes, escribió en su diario que sufría pánico cada vez que entraba al aula: "Siento una opresión en el pecho. Siento que voy a caer en algún lugar. Ni siquiera sé dónde estoy".
La tragedia abrió la caja de Pandora de los profesores en Corea del Sur. Decenas de miles de docentes respondieron a la muerte de su colega marchando por las calles de Seúl. Exigían una mejor protección en el trabajo ante el acoso frecuente que sufren a manos de padres y estudiantes. De repente, comenzaron a salir a la luz muchas historias de agresiones, acoso sexual y amenazas de muerte.
Las protestas continuaron durante todo el verano. Este mismo lunes, hubo una huelga masiva en todo el país. En la capital, más de 15.000 personas vestidas de negro se plantaron frente a la Asamblea Nacional. El mismo escenario que durante el fin de semana vio congregarse a unos 200.000 profesores cabreados.
Se leyeron varios manifiestos para reivindicar sus derechos y denunciar todos los abusos que sufren a diario dentro de una sociedad extremadamente competitiva, donde los padres llevan al límite sus quejas porque saben que el futuro de sus hijos depende del éxito académico. "Los protegeremos y haremos cambios para que ningún maestro más decida quitarse la vida", rezaba uno de los carteles del grupo que encabezaba las protestas. También se han celebrado varias vigilias recordando a la profesora que se quitó la vida en julio.
No ha sido la única. Los datos oficiales del Gobierno señalan que, en los últimos seis años, hasta un centenar de profesores de escuelas públicas se han suicidado. Corea del Sur, según la Organización Mundial de la Salud, tiene la tasa de suicidio más alta entre los países desarrollados, con más de 20 personas por cada 100.000 habitantes.
En 2021 encontramos el caso de dos docentes que se suicidaron en el mismo colegio por el acoso de los padres de sus alumnos. Uno de ellos había presentado su dimisión, rechazada por la dirección del centro, que calificó las muertes como "accidentes por causas personales". El otro profesor estaba siendo acosado por un padre que le exigía una compensación por una lesión autoinfligida de su hijo.
Sobre el suceso en julio con la profesora de Seúl, la cadena BBC pudo entrevistar a su prima, quien contó cómo la policía, en un principio, atribuyó el suicidio a una ruptura reciente, pero que ella descubrió, gracias a los diarios de la maestra, que llevaba meses sufriendo diariamente acaloradas llamadas y amenazas de los padres. Estos se quejaban de incidentes que habían tenido sus hijos en la escuela.
La marea de profesores que se sumaron a la huelga del lunes denunciaba que los padres también están explotando una ley de bienestar infantil, aprobada en 2014, que dicta que los docentes acusados de abuso infantil son destituidos inmediatamente.

