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El bioetanol, también llamado etanol de biomasa, se obtiene a partir de maíz, sorgo, caña de azúcar o remolacha. Brasil es el principal productor de Bioetanol (45% de la producción mundial), Estados Unidos representa el 44%, China el 6%, La Unión Europea el 3%, India el 1% y otros países el restante 1%. El ejemplo más visible de cómo este biocombustible puede llegar a ser más que rentable para nuestra maltratada naturaleza, lo encontramos en Brasil donde, desde hace muchos años, se produce etanol a gran escala a partir de melazas de caña de azúcar o pulpa de mandioca. Este biocombustible se mezcla al 20% con la gasolina que utilizan los automóviles, lo que supone un considerable ahorro en la factura de petróleo, además de una verdadera buena noticia para el medio ambiente, al ser éste un combustible que no emite residuos contaminantes a la atmósfera.
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El biogás es un gas combustible que se genera en medios naturales o en dispositivos específicos, por las reacciones de biodegradación de la materia orgánica, mediante la acción de microorganismos. Este gas se puede utilizar para producir energía eléctrica mediante turbinas o plantas generadoras a gas, en hornos, estufas, secadores, calderas, u otros sistemas de combustión a gas, debidamente adaptados para tal efecto.
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La madera que se utiliza para alimentar el fuego es una de las formas más simples de biomasa.
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Teniendo en cuenta los últimos informes podemos deducir los rendimientos de las materias primas:
1) Remolacha azucarera para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 46 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión (litros/tonelada) es de 110 y el rendimiento de combustible de 5.060 litros por hectárea.
2) Caña de azúcar para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 65 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 70 litros y el rendimiento del biocombustible de 4.550 por hectárea.
3) Yuca para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 12 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 180 litros y el rendimiento del biocombustible de 2.070 litros por hectárea.
4) Maíz para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 4,9 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 400 litros y el rendimiento del biocombustible es de 1.960 litros por hectárea.
5) Arroz para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 4,2 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 430 litros y el rendimiento del biocombustibles es de 1.806 litros por hectárea.
6) Trigo para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 2,8 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 340 litros y el rendimiento del biocombustible es de 952 litros por hectárea.
7) Sorgo para producir etanol. Hay producción mundial. El rendimiento del cultivo es de 1,3 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 380 litros y el rendimiento de 491 litros por hectárea.
8) Caña de azúcar para producir etanol en Brasil. El rendimiento del cultivo es de 73,5 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 74,5 litros y el rendimiento de biocombustible de 5.476 litros por hectárea.
9) Caña de azúcar para producir etanol en La India. El rendimiento del cultivo es de 60,7 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 74,5 litros y el rendimiento de biocombustible de 4.522litros por hectárea.
10) Aceite de Palma para producir biodiesel en Malasia. El rendimiento del cultivo es de 20,6 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 230 litros y el rendimiento de biocombustible de 4.736 litros por hectárea.
11) Aceite de Palma para producir biodiesel en Indonesia. El rendimiento del cultivo es de 17,6 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 230 litros y el rendimiento de biocombustible es de 4.092 litros por hectárea.
12) Maíz para producir etanol en Estados Unidos. El rendimiento del cultivo es de 9,4 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 399 litros y el rendimiento de biocombustible es de 3.751 litros.
13) Maíz para producir etanol en China. El rendimiento del cultivo es de 5 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 399 litros y el rendimiento de biocombustible es de 1.995 litros por hectárea.
14) Yuca para producir etanol en Brasil. El rendimiento del cultivo es de 13,6 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 137 litros y el rendimiento de biocombustible es de 1.863 litros por hectárea.
15. Soja para producir biodiesel en Estados Unidos. El rendimiento del cultivo es de 2,7 toneladas por hectárea. La eficiencia de conversión es de 205 litros por tonelada y el rendimiento de biocombustible de 552 litros por hectárea.
En Argentina
Un informe del centro de IDEAS UNSAM, realizado en 2013, reveló que nuestro país era el principal exportador de biocombustibles del mundo.
El sector de biocombustibles (y en especial el de biodiesel) ha sido una de las actividades económicas con mejor desempeño relativo durante los últimos años en Argentina. Por un lado, aparece como un caso exitoso de desarrollo productivo: desde 2007 surge como un sector totalmente nuevo que agrega un eslabón adicional de valor a la cadena productiva soja/harina-aceite de soja. Por otra parte, este nuevo sector se ha orientado con gran éxito a la exportación, alcanzando escala y competitividad.
El desarrollo reciente de la producción de biocombustibles en Argentina se ha enmarcado en un contexto internacional de rápido crecimiento global, ayudado por las políticas de fomento al uso de biocombustibles implementadas en una treintena de países. Estas decisiones políticas han estado motivadas, en casi todos los casos, por el interés en diversificar la matriz energética y lograr algún grado de sustitución de los combustibles fósiles, tanto por motivos de seguridad energética como debido a la preocupación por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero originadas en el sector del transporte –atento a los riesgos asociados al cambio climático-.
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El sector de biodiesel se ha mostrado en los últimos 5 años como uno de los más dinámicos del país. Actualmente, Argentina es el primer exportador mundial y el tercer productor global de este biocombustible y ha logrado mantener esta posición abasteciendo un mercado local en rápida expansión gracias a la ley de corte obligatorio (y su posterior ampliación para alcanzar el 7%). La alta competitividad del sector resulta de una conjunción de elementos, fundamentalmente la alta eficiencia y productividad de la cadena soja-aceite de soja, la continuidad de inversiones en capacidad de procesamiento, las políticas públicas favorables y una creciente demanda mundial.
En cuanto al bioetanol, su desarrollo relativo es menor en comparación con el biodiesel. Su menor importancia surge, en parte, de la composición del consumo nacional de combustibles, donde prepondera el gasoil en detrimento de la nafta.
Los productores y exportadores argentinos de biocombustibles enfrentan, en la actualidad, presiones proteccionistas, en un contexto de crisis internacional, y requisitos ambientales crecientes en sus principales mercados de exportación (fundamentalmente, europeos). Dichos requisitos (en especial los orientados a medir las emisiones de GEI y los efectos de cambios en el uso del suelo) no consideran cabalmente las características locales de la producción, ya que suelen basarse en valores de default y resultan controvertidos porque emplean indicadores pensados para otras realidades productivas y no cuentan con metodologías de medición internacionalmente aceptadas. Estas tendencias preocupan en el medio local porque pueden afectar el dinamismo y la competitividad de este pujante sector en el futuro y su capacidad para contribuir al desarrollo local.
Desarrollo
Si bien la producción de biocombustibles en Argentina encuentra antecedentes cerca de un siglo atrás, a lo largo de la última década, ha logrado un grado de desarrollo y dinamismo inédito, originalmente orientado a abastecer al mercado externo y luego impulsado también por la demanda local.
En el caso argentino, varios argumentos utilizados en el debate internacional sobre la sostenibilidad de los biocombustibles parecen volverse discutibles debido a la alta eficiencia y productividad en la obtención de materias primas, la disponibilidad de tierras y saldos exportables de alimentos y el hecho de que el país produce y exporta un biocombustible obtenido a partir de un subproducto agrícola (lo cual permite obtener biocombustible y alimento simultáneamente). Sin embargo, más allá de las controversias, las crecientes demandas relacionadas con tal planteo parecen haber llegado para quedarse y lo cierto es que el actual escenario internacional (sin estandarización de requisitos de sostenibilidad) muestra una elevada discrecionalidad y facilita la imposición de barreras al comercio.
Los relevamientos y análisis realizados sugieren que, a fin de mantener el perfil competitivo del sector y de acompañar su dinamismo y preservar su potencial de crecimiento en la Argentina, resulta necesario realizar esfuerzos en cuatro frentes. En primer lugar, se precisa coordinar esfuerzos públicos y privados tendientes a avanzar en mediciones robustas de los indicadores con el fin de fortalecer la posición argentina en negociaciones comerciales así como su imagen en los mercados mundiales. En segundo lugar, se requiere de la formación de equipos multidisciplinarios provenientes de diferentes organismos relevantes a fin de trabajar sobre los diferentes criterios e indicadores. En tercer lugar, parece necesario consolidar un eje MERCOSUR que defienda los intereses comunes en los diferentes foros y negociaciones internacionales. Finalmente, se precisa fortalecer el diálogo y el trabajo conjunto público y privado en relación con los temas clave de sostenibilidad ambiental, social y económica del sector.
Si bien Argentina cuenta con una canasta de productos oleaginosos diversificada, que incluye cártamo, colza, lino, algodón y maní, es principalmente la soja, seguida por el girasol, los cultivos que concentran más del 97% del área sembrada por oleaginosas y casi la totalidad de los volúmenes producidos. En principio la soja se instaló en una zona históricamente dedicada al maíz, siendo utilizada en rotación con el trigo. Sin embargo, su alto grado de adaptación y rentabilidad la transformaron en el cultivo por excelencia de la zona central argentina. Actualmente, los elevados precios internacionales y el significativo incremento en la productividad han llevado a la expansión de la frontera agrícola de este cultivo hacia zonas no tradicionales como Chaco y Salta, ente otras. Históricamente, las zonas responsables por el grueso de la cosecha sojera se ubicaron en el cinturón de la Pampa Húmeda que incluye a Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires.
Lamentablemente no todo es tan sencillo. Los procesos de cultivo, fabricación de fertilizantes y pesticidas además de la conversión de las plantas en biocombustible, consumen mucha energía. De hecho, es tanta energía la que consumen que hay un debate abierto sobre el etanol de maíz para dilucidar si proporciona la misma energía que necesita para su cultivo y procesamiento (EROEI). Además, puesto que gran parte de la energía usada en la producción procede del carbón y el gas natural, los biocombustibles no sustituyen el petróleo que consumen.
En el futuro, muchos expertos consideran que será mejor hacer biocombustibles a partir de gramíneas y árboles pequeños ya que contienen más celulosa. La celulosa es un material resistente que conforma las paredes de las células vegetales y es la mayor parte del peso de las plantas. Si se pudiese transformar la celulosa en biocombustible, sería mucho más eficiente que los biocombustibles actuales y se emitiría menos dióxido de carbono a la atmósfera.

