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Una modelo fan de Flávio Bolsonaro se vuelve viral, aunque fue creada por IA

Julia es joven, rubia y tiene medio millón de seguidores. Pero no existe. Bolsonaro recurre a la IA para el balotaje en Brasil.

En la campaña electoral de Brasil, la derecha está inventando sus propios apoyos y desde hace semanas, el candidato Flávio Bolsonaro, alineado con Donald Trump, aparece en vídeos, que se han vuelto virales, bailando con una atractiva modelo e "influencer" llamada Julia Berlli Cortez, quien cuenta con 500.000 seguidores.

Sin embargo, hace poco salió a la luz que esta joven que, según su biografía en Instagram, tiene 22 años y es estudiante de medicina, en realidad no existe: es un producto de la inteligencia artificial.

Una auténtica embajadora de marca, aunque creada en un laboratorio.

La joven fue entrevistada y sus apariciones se volvieron virales en internet. Para dotarla de mayor credibilidad, además de publicar decenas de selfis frente al espejo, compartió en sus redes sociales historias en las que aparecen supuestos novios, tal como lo haría cualquier chica de su edad. Pero todo es completamente falso.

Para desgracia de Bolsonaro y su equipo, algunos "desenmascaradores" —personas especializadas en identificar perfiles falsos— descubrieron el engaño. Los autores del fraude cometieron algunos errores: en los vídeos en los que aparece participando en manifestaciones políticas, ella lleva siempre la misma ropa y, a menudo, va descalza. Estos detalles despertaron sospechas y, finalmente, sacaron a la luz la verdad.

En una entrevista, ella explica —con una sonrisa— por qué sostiene posturas de derecha. El detalle, sin embargo, es que la entrevista y las palabras pronunciadas no eran suyas en absoluto. En realidad, pertenecían a otra activista, también partidaria de Bolsonaro, pero considerablemente menos atractiva.

En resumen, la estrategia es sencilla pero eficaz: al crear un perfil falso de una mujer joven y atractiva, se diseña el formato perfecto para atraer contactos y seguidores, facilitando así la difusión de los propios contenidos.

Por último, un detalle revelador hace que la historia sea aún más triste: los creadores de este perfil no se limitaron a la propaganda política, sino que también buscaron ganar dinero por otra vía. Al acceder al canal de Telegram de la joven y pagar entre 30 y 40 reales —menos de diez euros—, es posible ver su contenido pornográfico, el cual, como cabe esperar, también es totalmente falso.

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