Según la consultora I+D, que conduce el exdirector ejecutivo de la UIA, Diego Coatz, este año podrían cerrar unas 3.300 firmas del sector. Los empleos que promete el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) no alcanzan para compensar ni un tercio de los que se perdieron hasta el momento.
La caída industrial en julio del 5% intermensual y del 4,9% interanual que informó el INDEC es mucho más que un dato aislado. Los indicadores adelantados ya habían encendido las alarmas mucho antes, pero la difusión del organismo oficial trajo otra novedad: se quebró la tendencia-ciclo. Las perspectivas ahora marcan que el piso del sector podría estar todavía más abajo.
En la última semana, los titulares se volvieron a colmar de cierres y conflictos en la actividad manufacturera. Granja Tres Arroyos abrió un nuevo frente de conflicto en Ezeiza, con suspensiones y retiro de maquinaria. Y, después de más de 56 años, bajó la persiana DIN S.A., la acería que trabajó en grandes obras como el Hangar 5 de Aerolíneas Argentinas del aeropuerto de Ezeiza y en el proyecto minero Veladero, entre otros. Pero ahora no hay demanda.
Para Coatz, tal vez uno de los economistas más experimentados en el sector y director de la consultora I+D, el efecto “serrucho” de la actividad ya no evidencia una recuperación, sino que consolida una tendencia hacia abajo.
El exdirectivo de la UIA contabilizó en su reporte la pérdida de 420 empresas industriales solo en mayo. En lo que va del año ya son más de 1.500. “No es una destrucción creativa. Es destrucción y punto. Si esta dinámica continúa, y con 4.000 industrias en mora, en 2026 podrían cerrar unas 3.300”, indica el informe al que pudo acceder este medio.
El gran problema para los industriales sigue siendo la escasez de demanda. El titular de una firma competitiva que exporta a treinta países le contó a Ámbito que, en su caso, el mercado interno se desplomó un 30%. En el momento de la charla se encontraba haciendo cálculos para estimar cuánto personal tenía que recortar si la demanda en Argentina se contrae otro 50%, algo que no le parece inverosímil a esta altura. Con el lápiz en la mano, el autopartista en cuestión no descartó achicar su fábrica, dejar de trabajar para el mercado interno y dedicarse exclusivamente a la exportación.
De producir a vender máquinas por chatarra
“Ayer fui a SKF, dan ganas de llorar. Están cortando toda la fábrica con amoladora, todo vendido a pedazos. Volvieron a contratar de forma temporal solo a la gente de mantenimiento. Muchos de ellos tenían entre 10 y 28 años de antigüedad. Están vendiendo por chatarra el trabajo de una vida”, contó a este medio un industrial que recorrió las instalaciones que la autopartista está abandonando en el barrio de Tortuguitas.
El relato coincide con el escenario que encuentran las empresas que se ocupan de los remates. Crece la oferta de máquinas por las fábricas que cierran, pero no hay demanda ni siquiera para los productos más básicos porque, en el contexto actual, son pocos los que apuestan a ampliar la producción en el país.
El resultado final es que máquinas utilizables terminan vendiéndose, en muchos casos, como chatarra. El país pierde capacidades productivas y los empresarios no alcanzan ni siquiera a juntar el dinero que necesitan para cubrir las indemnizaciones y el costo del cese de la operación.
Con el RIGI no alcanza
El desbalance entre los sectores que crecen y los que retroceden se sigue evidenciando en el mercado laboral. En junio volvió a caer el empleo formal. Se perdieron unos 12.260 puestos. En la comparación con noviembre de 2023, son 354.128 asalariados registrados los que perdieron su trabajo (246.312 privados, 87.629 públicos y 20.187 en casas particulares).
Esta semana fue el mismísimo exministro de Economía, Domingo Cavallo, quien advirtió que hay que prestar más atención a los sectores intensivos en empleo y cuestionó el hecho de que los beneficios fiscales hayan sido dirigidos hacia las actividades que tienen mayores ventajas competitivas, en lugar de extenderlos a los rubros que tienen dificultades.
Un informe de Misión Productiva da en el clavo. Señala que los 21 proyectos aprobados del RIGI prometen 95.158 puestos de trabajo: “Aun si se concretaran todos, equivaldrían apenas al 28% del empleo perdido”. En ese sentido, especifica que esa cifra incluye empleo directo e indirecto, permanente y temporario. Si se toman como referencia únicamente los empleos directos y permanentes, serían alrededor de 13.400: apenas el 4% de los puestos perdidos.
En el país del RIGI, de las grandes inversiones energéticas, del boom de la minería, algo está fallando. En lugar de aprovechar esas locomotoras para traccionar a los proveedores, la industria y los servicios nacionales, las fábricas cierran y las máquinas se cortan para ser vendidas como chatarra.