Conocidos como los “CM” (Community Manager) de Milei y Victoria Villarruel, Gutiérrez y Rolón son los arquitectos de la campaña digital de La Libertad Avanza y la llegada masiva que alcanzaron en las redes, sobre todo en Tik Tok. Los jóvenes influencers se definen en sus redes como de “derecha anticomunista”. Rolón le suma “antifeminista”.
Los medios replicaron los videos de las cuentas de Iñaki, a modo de “cobertura” de la jura de ministros. No se transmitió por las cuentas oficiales de Casa Rosada ni permitieron el ingreso de la prensa. Lo mismo pasó con la ceremonia en el Teatro Colón. El filtro derivó en que, por ejemplo, intervinieran la imagen del presidente en las fotos, visiblemente editada cual portada de revista, con rasgos afinados y menos papada.
Derecho a la información
“Depender de seguir a influencers para la comunicación pública no es lo que corresponde institucionalmente”, relata a Tiempo Natalia Zuazo, directora de Salto Agencia y consultora en políticas tecnológicas. “Hay muchos problemas en las decisiones de comunicación pública que está tomando el gobierno. No se trata solo de lo que quiere transmitir sino del derecho a la información de la población. Los actos de gobierno deben ser públicos, hay una ley de acceso a la información pública aprobada en 2016 que implica la obligación de hacerlo”. Tiempo se comunicó con Gutiérrez para conocer el porqué de las decisiones, pero no obtuvo respuesta.
En los últimos días, los influencers y CM del nuevo mandatario y su vice anunciaron orgullosos a través de sus cuentas que tendrán un cargo en el gobierno y lo desempeñarán “ad honorem”. Dijeron que donarán su sueldo, sin más detalles. “¿Cómo haces para vivir sin cobrar un sueldo?”, lo apuró un usuario en la red X. Iñaki contestó: “Tengo 22 años, padres que tengo el honor de tener en mi vida y estudio 2 carreras universitarias, buscaré de forma lícita la manera de mantenerme”.
Para Zuazo, la idea de “yo dono mi sueldo y hago esto por amor”, va en contra del concepto de meritocracia que ellos mismos defienden, ya que “trabajar gratis” solo sería posible por un privilegio de clase. “El tema del sueldo lo superamos en el siglo XIX con las constituciones modernas, se supone que se les paga a los funcionarios públicos para que ejerzan su cargo porque si no sólo puede ejercerlos la aristocracia”, acota. Pero el anuncio abrió otra pregunta: ¿pueden usufructuar un contenido público monopolizado por sus redes? Ellos tienen cuentas verificadas, con la marca azul al lado derecho del nombre de usuario. Cuantas más interacciones logren, pueden llegar a monetizarlo.
Según Joy Klinko, directora de la Agencia de Marketing homónima, asegura que “a través de Instagram y Tik Tok no es posible monetizar con la mera reproducción, pero en Youtube sí. Son 3 dólares cada mil reproducciones. Pero la cuestión pasa más por una relación de poder y de relevancia en lo que es marca personal”.
En los videos publicados en la cuenta de Iñaki, aparece una insignia de regalo, que invita a “apoyar a los creadores” de contenido de Instagram. El regalo consiste en enviar “estrellas” a partir de un saldo que, por supuesto, hay que comprar: 15 estrellas salen 0,29 dólares. De cada estrella recibida, la o el creador recibe 0,01 dólares de la misma. Posible dinero fácil con una audiencia que solo puede ver un acto oficial a través de cuentas de influencers que ahora son funcionarios.
Las redes son el terreno donde LLA supo construir nuevos sentidos y también conquistar un público cautivo, mayormente masculino joven. Esta política comunicacional inédita, alejada de los medios tradicionales a quienes niega la pauta, cierra perfecto con la lógica de las plataformas, donde el mercado manda. Como Elon Musk en X: quien tiene plata puede pagar la verificación, así tener más visibilidad y más derechos. La ley de la selva.