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Acceso a la Justicia: una persona no oyente participó de una audiencia

Garantizar el acceso a la justicia fue el objetivo del Centro Judicial de Monteros que le facilitó a una persona no oyente participar de un proceso judicial.

En el fuero de Familia del Centro Judicial Monteros se realizó una audiencia con la participación de una persona no oyente, a quien se le facilitaron las herramientas para que pueda comprender cabalmente no solo lo que se discutía en el acto, sino también la totalidad del proceso judicial del que formaba parte. Este evento es parte de un esfuerzo sostenido que lleva adelante el Juzgado de Familia y Sucesiones de esa localidad, a cargo de Mariana Rey Galindo, para proteger los derechos de quienes toman parte en un proceso y efectivizar el acceso a la Justicia.

El proceso judicial tuvo lugar el pasado 21 de mayo en el Centro Judicial Monteros, en el marco de una medida cautelar de protección de persona. Pese a ser una situación asidua en el Poder Judicial, esta audiencia tuvo la particularidad de que la persona demandada en el proceso era no oyente y, en consecuencia, no hablante por lo que se le debía facilitar las herramientas para garantizarle el acceso a la justicia.

"En este caso era una persona no oyente, no hablante y además no tenía incorporada la lengua de señas. Es un muchacho de 26 años con una familia conformada por 8 hermanos, tres de ellos no oyentes-no hablantes donde la familia ha desarrollado con ellos una lengua de señas casera. Él estaba involucrado en una cuestión de violencia familiar. Estaba en pareja y tiene tres hijas", comentó Rey Galindo.

“A él le llegó una disposición –que no era de mi juzgado- en donde lo expulsaban de su casa y no tenía ningún conocimiento acerca de lo que implicaba esta orden policial porque en ese proceso no se tuvo en cuenta su condición de vulnerabilidad. Él no conocía sus derechos ni lo que estaba sucediendo y mucho menos qué podía y que no podía hacer”, explicó la magistrada.

Ante esta situación, ponderando las necesidades del caso y sus participantes, la unidad jurisdiccional trabajó en conjunto con la intérprete de lenguaje de señas del Poder Judicial, el presidente de la Asociación de Sordos, los abogados y la familia de la parte para remover los obstáculos a los que el demandado se enfrentó en la tramitación del proceso. Con énfasis en fomentar el respeto de los derechos y la dignidad de esa persona, adaptaron el sistema legal para que D.R. pueda tener acceso y contacto con la ley de modo directo durante la audiencia.

El demandado no estaba familiarizado con el lenguaje de señas, su comunicación se basaba en el uso de señas caseras. Por eso se necesitaban dos auxiliares: un intérprete que maneje el lenguaje de señas y otro que tenga conocimientos de lenguaje de señas casero. Fue realmente un desafío y una extraordinaria experiencia. La audiencia duró más de dos horas”, contó la Dra. Rey Galindo.

“Además de explicarle qué estaba sucediendo durante la audiencia, se precisaba conocer la voluntad de este señor, que nos transmita sus peticiones, sus temores y requería mayor información. Buscábamos escucharlo y triangular las peticiones suyas y la de los profesionales que lo patrocinan”, agregó.

Asimismo, en cumplimiento de las Reglas de Brasilia –que estipulan las medidas que deben tomar los/as operadores/as judiciales ante miembros de grupos vulnerables– procuraron que esté presente en la audiencia su hermana, una persona de confianza del demandado, que además de ser un referente emocional para este, también está familiarizada con el código de señas que emplea su familia.

"Lo que hicimos fue tratar de hacer una triangulación entre una persona que pueda interpretarlo a él en esta lengua casera y a su vez que pudiera traducir en lo que se llama la lengua de señas. Para poder hacer todo correctamente se trató de que estuvieran los dos abogados y la hermana de esta persona que iba corroborando todo lo que su hermano expresaba", detalló.

Durante la audiencia, "él expresó que era la primera vez que había sido escuchado, que había sido informado, no sabía y no entendía lo que estaba pasando hasta ese momento, entonces agradeció la posibilidad de ser escuchado con estas condiciones y de recibir información legal en estas condiciones", destacó.

En este contexto, la magistrada señaló que "si esto no fuera instrumentado de esta manera esta gente quedaría fuera del sistema siempre. Espero que no sea el único caso donde tenemos que ser accesibles a estas circunstancias".

En consonancia con la remoción de obstáculos vinculados a su condición, el personal del juzgado también utilizó un lenguaje claro y accesible. Adecuaron así los términos jurídicos para lograr que las partes tengan pleno entendimiento sobre lo que estaba sucediendo. “El Estado tiene la obligación de emplear todos los recursos necesarios para lograr la tutela judicial efectiva. Hay que adecuar al máximo el proceso a las necesidades de las personas con cualquier tipo de discapacidad para garantizar su seguridad, comodidad, comprensión, privacidad y comunicación. Precisamente eso hicimos en esta oportunidad”, reflexionó la jueza.

"Es el sistema el que se tiene que adaptar y no la persona, adaptarse a un sistema que solo está pensado para personas hablantes, oyentes, adultas, capaces. Es el sistema el que tiene que adaptarse y buscar las herramientas para ejercer un derecho tan legítimo y tan genuino como ser escuchado por un juez", concluyó Rey Galindo.

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