Nació en una familia humilde de Garanhuns, Pernambuco, el 27 de octubre de 1945. Desde su rol de obrero y sindicalista, fue uno de los principales organizadores de las huelgas contra la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985. Fue miembro fundador del Partido de los Trabajadores (PT) y perdió tres elecciones seguidas antes de asumir su primer mandato en 2003.
"Lula es el más resiliente de los presidentes progresistas", afirmó a C5N el profesor Ariel Goldstein, magíster en Ciencia Política. "Es el único que logra volver y derrotar a la extrema derecha en América Latina. Esta gran capacidad de adaptación y resiliencia se muestra a lo largo de toda su carrera política: migrante, nordestino, sindicalista, la cárcel de Sergio Moro; vuelve y es presidente. Es como un ave Fénix que renace de las cenizas", destacó.
"Por una cuestión de historia, de simbolismos y de una vida realmente notable, digna de una película, Lula es simbólicamente un grande de América Latina, pero no es porque sea un referente único", señaló el doctor en Ciencia Política Mariano Fraschini. "Me parece que tiene que ver con otras cuestiones que no están ligadas a lo ideológico pero sí a la vida, como Pepe Mujica", sostuvo. En una región que giró contra los oficialismos, Lula irá por su cuarto mandato.
Lula, que está llegando a la mitad de su tercer mandato, ya anunció que buscará la reelección en los comicios de octubre de 2026. "Los tres gobiernos de Lula son distintos", analizó el periodista brasileño Helio Rocha. "El primero, de 2003 a 2006, se propuso erradicar el hambre en Brasil, y fue extremadamente exitoso: 40 millones de personas salieron de la miseria", destacó.
"Después, el segundo mandato, de 2007 a 2010, se destinó a la mejora de la infraestructura y a la inserción del país en el escenario internacional, con la creación de los BRICS, el G20, la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Con el mandato que se desarrolla desde 2023, Lula tiene una misión clara: defender el país del bolsonarismo", sostuvo.
"Lula es un político de las brechas", afirmó Goldstein retomando la definición del politólogo André Singer, vocero del mandatario en su primera gestión. "Elige hacer política en los espacios vacantes que dejan aquellos que tienen poder, en un método de cierta conciliación de clase. En este mandato atraviesa un poco el pantano del Congreso, y el ámbito internacional le plantea muchas restricciones", explicó.
Para Fraschini, el Lula de los dos primeros gobiernos era "mucho más ambicioso y reformista". "Deja el gobierno en 2010 y asume en enero de 2023; pasaron 13 años y el mundo se dio vuelta. El predominio de la izquierda pasó a ser un predominio de oficialismos en problemas y oposiciones con grandes posibilidades de triunfo. En ese marco, Lula de ninguna manera implica lo mismo2, señaló.
"Es el mismo Lula con aliados más moderados. Debió resignar posiciones para ganarle la elección a Jair Bolsonaro en octubre de 2022, tuvo que resignar proyectos, pero de alguna manera sigue siendo una figura extraordinaria dentro del oasis sudamericano y latinoamericano. Tiene un contexto mucho más favorable del lado de los BRICS y menos desde el punto de vista regional", consideró.
Fraschini aclaró que en América Latina, "más allá de algunas afinidades culturales e históricas, la relación entre los países depende de los presidentes". "La relación de Lula con los Kirchner fue muy buena, mejor que nunca, y ahora con Javier Milei está congelada, muy fría. Esto hace que las relaciones se mantengan en un nivel protocolar, más bien diplomático, y no avancen mucho más allá de eso", indicó.
La imagen de Lula, tanto a nivel interno como externo, también sufrió estos mismos vaivenes. "Ha tenido momentos muy positivos, sobre todo al inicio, y otros muy malos, sobre todo al comenzar el año 2025, que ha bajado la popularidad al compás de la recesión. Los presidentes latinoamericanos gobiernan, salvo excepciones, en un rango de entre 30 y 40% de los apoyos, y Lula no sale de eso. Hasta te diría que tiene mejor imagen afuera de Brasil que adentro", destacó Fraschini.
En este contexto, y a un año de las presidenciales de octubre de 2026, el escenario es incierto. "Por más que Bolsonaro esté impedido de competir, me parece que va a ser una dura elección", anticipó Goldstein. "Lula ya tiene 80 años, no tiene quizás la misma energía que tenía antes. Es un político excepcional, pero, aún si logra ser reelecto, ¿cómo enfrentar el desgaste y el recambio de un líder irremplazable?", planteó.
Más allá del resultado en las urnas, Fraschini resaltó que Lula "deja muchos legados", en especial "la coherencia y la lucha de un hombre que vino bien desde abajo". "Lula ha sido un estadista, un político de raza, un organizador, un estratega, un personaje muy singular para la historia de Brasil. Como presidente, ha demostrado tener un conocimiento del liderazgo increíble. El legado es que la lucha siempre sirve: no hay que rendirse jamás", destacó.
Rocha coincidió, pero desde una perspectiva más optimista respecto a lo electoral. "Nunca se sabe con certeza, pero es muy probable que Lula sea reelegido", pronosticó. "Es el hombre que combatió el hambre y transformó a Brasil en un país grande por primera vez. No puedo imaginar cómo podría terminar su historia: si pierde en 2026, lo que es poco probable, o cuando deje el cargo en 2030. Siempre parece haber un nuevo capítulo para él", concluyó.