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Día del maltrato infantil, la historia que se hizo viral

Tobías Schapire fue quien hizo una pregunta en Twitter en referencia al día del maltrato infantil, sin saber que se iba a formar un hilo tan triste.

El tuitero @tobiaslandia tiene acostumbrados a sus más de 6 mil seguidores a preguntarles de todo. Tobías Schapire (46), quién está detrás del usuario, se mueve en las redes como pez en el agua. Está al frente de un estudio de diseño gráfico y se especializa en social media. “Soy así en la vida real, pregunto todo desde chico, el famoso ¿a quién querés más a tu mamá o a tu papá? O situaciones como, si estás en un barco y queda un solo salvavidas ¿a quién se lo das?

“Creo que agoté a todo mi entorno con las preguntas y pasé a hacerlo en Twitter”, detalla sobre su personalidad. Días antes había preguntado quién era el más famoso de tu escuela y se viralizó también en Tik Tok, con su tuit de fondo.

En esta oportunidad la pregunta breve que hizo, que desencadenó una catarata de respuestas fue la siguiente: ¿A ustedes les pegaban de chicos? E inesperadamente se encontró con el dolor de los seguidores. En un simple hilo de Twitter, quedó en evidencia que el castigo físico era moneda corriente entre las generaciones de chicos de los sesentas, setentas y ochentas, que respondieron.

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Al día siguiente, Tobías vuelve a escribir a sus seguidores, a modo de reflexión: “mi hilo de si sus papás los fajaban es un bajón, entiendo que nuestra generación casi no lo hace, qué mierda lo que nos tocó y que estuviese normalizado el castigo físico”.

Quien lea el hilo de tuits tal vez se sienta identificado. Hace tan solo unas décadas los chicos eran educados a los golpes, e incluso en la escuela, había maestros que se atrevían a levantar de la silla a algún alumno de la oreja o propinarle algún golpe, tirón de pelos. A vociferar. A humillar. Algo impensable para esta época. El tuitero Esteban_Pyro recuerda que en el colegio los profesores eran violentos.

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Lorena M., que cursó la primaria en los ochentas, recuerda haber recibido un tirón de pelos por parte de una maestra (que no era de su grado) al finalizar un acto escolar, porque se había oído su voz por estar cerca de un micrófono. “Mi mamá habló con mi maestro. Me creyeron. No recuerdo que me hayan pedido disculpas. Más allá de eso, no vivió ni presenció otros episodios”. En los años setentas y a principios de los ochentas, durante los años de la dictadura militar y aun después, era habitual que en las escuelas públicas las mujeres tuviesen prohibido el uso de pantalones. Solo falda. También, el uso de vincha y pelo sujeto. Las zapatillas se llevaban en una bolsa para ser utilizadas exclusivamente durante la clase gimnasia.

Se realizaban formaciones en patios descubiertos para saludar a la bandera, no importaba la temperatura exterior, y se hacía una hilera partiendo desde el alumno más bajo del grado hasta el más alto, tomando distancia con el brazo extendido- tocando apenas con la punta de los dedos al compañero de adelante- y un maestro daba la orden: ¡firmes!, como si fueran soldados.

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En estas revelaciones sobre los padecimientos de su infancia, los protagonistas de este hilo muchas veces concluyen en que sus padres descargaban sus frustraciones en ellos. Nada justificaba la crueldad. Cucharas de madera, hebillas de cinturón, palos de escoba, agujas de tejer, correas y más elementos del hogar se convertían en instrumentos de castigo para los chicos de estas generaciones, que muchos admiten que lo vivían como algo natural. “A mí me surtían parejo”, confiesa Luis A. Por su parte, Nana logra recordar que le pegaron en la manito cuando tenía 3, por llenar el inodoro de papel higiénico. La tuitera @lapuntera, confirma la naturalización de esta violencia: “Tengo 60 y con mi hermano éramos los chicos raros del barrio. “A ellos no les pegan”, decían.

Algunos cuentan que estudiaron psicología, impulsados por el dolor. Otros que continúan trabajando en sanar las heridas. Están quienes perdonaron a sus progenitores. También quienes nunca lo hicieron.

El origen de la pregunta tuitera

“Todo el tema de este tuit surge porque tengo un hijo de cuatro años que el año pasado buscó mucho el límite y yo estaba al borde del chirlo, bastante seguido. Lo terminamos resolviendo con la consulta a una psicóloga infantil. Creo que la generación de nuestros padres no aplicaba mucho esta opción, porque no era mal visto el correctivo. Al hablar con mis amigos padres, en casi todos los casos, el golpe ya no existe o está la anécdota de una vez que le dieron un chirlo en la cola, pero golpe como los que leí en mi tuit ni cerca”, cuenta.

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La terapia que hizo Tobías junto a su mujer por zoom, mientras el jardín estaba suspendido por el aislamiento, fue una gran solución. “El nene nos decía tontos por todo, llegó a romper guitarras, televisor. Y nos dijeron cómo contestar o actuar cada vez que hacía un berrinche. Básicamente, decirle no y dejarlo solo hasta que se le pase y tantos otros consejos más”.

El tuitero reconoce que en su infancia era tremendo. Y había castigos. “Vivía en penitencia, siempre iba más por ese lado. Pero la necesidad de mi tuit tenía que ver con darme cuenta al charlar en la puerta el jardín con padres por ejemplo como esta nueva generación es tratada con muchísimo tacto y entendimiento y la nuestra no”.

La psicóloga Sol Benarós (MN 36269), que es parte de esta historia, dice que frecuentemente recibe consulta sobre límites, cómo hacer para que hagan caso o dejen de gritar, pegar, cómo manejase con los berrinches o cuando desafían una y otra vez. “La educación emocional es algo que no suele estar presente en los padres y madres, cómo afrontar sus propias emociones. Y los hijos representan un desafío y aprendizaje enorme. El trabajo de orientación a padres empieza por comprender que ahí donde veo a un niño problema hay comportamientos desde los adultos para fortalecer o cambiar”, desarrolla.

Y agrega que una familia es un sistema: “si una mama responde distinto al mismo berrinche , empieza un cambio. Suelo proponer que se conviertan en “antropólogos”, es necesario agudizar la atención, comprender cómo emergen los comportamientos y qué hace que se mantenga en el tiempo. Captar la importancia de la comunicación , cómo hablarle o no hablarle a un niño en el medio un enojo intenso, en qué tono de voz mi mensaje será más adecuado... Es apasionante observar cómo se da el aprendizaje, cómo las dinámicas enquistadas (no quiere ir a bañarse, grita si no puede usar la tablet) empiezan a cambiar. Y la crianza comienza a tener otra fluidez, otro clima familiar, otra conexión”, concluye.

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Las graves consecuencias de la violencia

El día internacional de la lucha contra el maltrato infantil se repite todos los 25 de abril con el objeto de fomentar los derechos de los niños a nivel mundial y para que la sociedad tome conciencia sobre las consecuencias que genera el maltrato. Este puede ser físico (cualquier acción que provoque un daño, enfermedad o riesgo de padecerla), emocional (hostigación verbal crónica, pueden ser insultos, desprecio, amenazas de abandono, bloqueo de diálogo, no sostenimiento de empatía afectiva, crítica permanente, rechazo, aterrorizar, aislar); otra forma de maltrato tiene que ver con el abandono y negligencia (necesidades básicas que no son atendidas como higiene, vestimenta, alimentación) y el abuso sexual.

La psicóloga infanto juvenil Giannina Castiglioni (MN:52112) explica que el maltrato puede generar importantes e incluso severas consecuencias emocionales, físicas, psicológicas y dependen de la intensidad y frecuencia del maltrato recibido, del tipo que sea. Y también de las características de cada persona, del la red de apoyo y acceso a servicios de salud, contención y tratamiento. “El maltrato físico deja consecuencias en el cuerpo. Otro aspecto tanto más importante es el emocional. Los efectos del abandono y la negligencia producen retrasos en el desarrollo, en la adquisición de lenguaje, en el control de esfínteres, en el crecimiento. Está asociado al desarrollo de enfermedades psicosomáticas, de infecciones. Pueden dejar secuelas psicológicas como baja de tolerancia a la frustración, falta de control de los impulsos, baja autoestima, ansiedad, depresión, vergüenza. Culpa. Una de las cuestiones que más se ve: los niños y adolescentes sufren mucha culpa y vergüenza del maltrato del que fueron víctimas. Son marcas que no se ven a simple vista”, detalla la especialista.

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La violencia es una violación a los derechos humanos y al tratarse de un problema que ocurre por lo general dentro de los hogares, para el Estado se convierte en un desafío su detección e intervención a tiempo.

Existe un programa desde 2006, Víctimas Contra Las Violencias, que pertenece al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, que brinda -en situaciones de emergencia y urgencia- contención, asesoramiento y asistencia a víctimas de violencia familiar y sexual. Respecto de niños y adolescentes aborda situaciones de grooming (acoso y abuso sexual online), abuso sexual y explotación comercial.

Las consultas se reciben a través de varios canales: la línea telefónica 137, de WhatsApp 1131331000, (las líneas son gratuitas, tienen alcance nacional y funcionan durante las 24 horas los 365 días del año). También funciona una Web https://www.argentina.gob.ar/justicia/violencia-familiar-sexual/formulariode-consulta-grooming y/o se recibe atención por correo electrónico - vicontravio@jus.gob.ar-.

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Carina Rago, psicóloga y asesora general del programa Víctimas Contra Las Violencias destaca que las comunicaciones son respondidas por psicólogas y trabajadoras sociales. Es un programa innovador, que tiene la particular de tener un acompañamiento cuerpo a cuerpo. “Cuando tomamos conocimiento, cuando nos llama la víctima, una maestra, o una mamá, nos dirigimos a donde está la victima. A ese número puede acceder cualquier persona”, destaca.

Cuando una persona llama, como una vecina por ejemplo, que vio una situación de maltrato pero no quiere denunciar por no querer involucrarse en problemas, las especialistas ayudan a pensar con esa persona la manera de ayudar. “Cuando uno toma conocimiento de algo, no se puede seguir viviendo con eso, cuando estamos hablando de un niño o adolescente que necesita ayuda. Somos responsables de eso. Tenemos la responsabilidad de intervenir de alguna manera. No decimos que termine haciendo la denuncia, si no se anima, pero sí buscar alguna manera de avanzar, como hablar con la mamá de la víctima, si hay algún otro referente que pueda encontrar. Si sabe a qué escuela va. Si esa persona no denuncia, podemos hacerlo nosotros si tiene una cantidad de datos importantes como nombre, apellido, qué cosas escucha, tomar su relato para poder avanzar nosotros”, expresa la asesora del programa.

En cuanto a prevención, para Rago es muy importante poder ponerle nombre a la violencia, reconocerla como tal. Que los chicos tengan claras estas cuestiones básicas sobre quién puede tocar el cuerpo de uno, en qué momento, cuándo; cuando algo les genera incomodidad tienen que poder decirlo, poder buscar algún referente, que si no está dentro de la familia, pensar con quién, puede ser de la escuela, del club, un amigo del barrio, con quien poder hablar”, concluye.

FUENTE: infobae.com

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