Hablar de este término nos permite referenciarnos en dos grandes epidemias de nuestro tiempo: la depresión y la ansiedad.
Este malestar fue detectado en 1897 por el psicólogo y filósofo Théodule Armand Ribot como anhedonia (del griego, falta de placer). "Consiste en la pérdida de satisfacción o interés en actividades con las que la persona solía disfrutar. En la actualidad se considera un indicador central de diversas enfermedades neuropsiquiátricas, especialmente de los trastornos depresivos", explica María Gallego, psicóloga sanitaria del Hospital Clínico de Santiago de Compostela y miembro de Top Doctors.
También aparece entre los síntomas nucleares de la esquizofrenia, la ansiedad y otras dolencias. "Se manifiesta en ellas con una intensidad variable, aunque se observa, circunstancialmente, en individuos sanos. Esta variabilidad permite que pueda ser cuantificada por psicólogos y psiquiatras, que la miden con escalas diseñadas para tal fin. De este modo, podemos afirmar que hay personas que la padecen como una incapacidad total para sentir placer y, otras, como un descenso en dicha capacidad", continúa Gallego.
La Organización Mundial de la Salud OMS calcula que la depresión afecta a más de 300 millones de personas y otros 264 sufren de ansiedad. Es la relación entre estas dos epidemias de nuestro tiempo en términos de salud mental y la anhedonia lo que explica por qué en una sociedad sobreestimulada, donde se promueve el goce las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, cada vez son más las personas que tienen problemas para experimentarlo.
"El placer no deja de ser una reacción química provocada por el sistema de recompensa del cerebro y la depresión y la ansiedad son los enemigos número uno de este proceso neuronal", explica Javier Garcés, psicólogo y presidente de la Asociación de Estudios Psicológicos y Sociales.
"El ser humano necesita aquello que le hace sentirse protagonista y autorrealizado. Sin embargo, hoy en día, abundan las distracciones que le convierten en un heterónomo [sometido a un poder externo que imposibilita el desarrollo de su voluntad o naturaleza]. Estamos colgados al celular y a la vez tenemos la sensación de estar demasiado colgados de él. Es decir, vivimos en una sociedad en la que todo el mundo está consumiendo televisión, jugando a videojuegos o conectado a Internet; actos que enganchan pero, en realidad, no procuran placer", advierte Garcés.
Por eso cada uno debe descubrir lo que le apasiona. Tener un abanico de actividades gratificantes lo más amplio posible y cultivarlas es, en palabras del doctor, fundamental. "El momento en el que dejen de interesarnos será una buena señal de alarma. Es importante no vencer a esta desidia inicial para evitar que se amplifique y conduzca a algo mayor. Si lo hacemos, nuestro cuerpo y nuestra mente acabarán por acostumbrarse".
"Muchos pacientes que la padecen no saben que la anhedonia es un síntoma. Se sienten culpables por no disfrutar de aquello de lo que mucha otra gente disfruta y que antes les hacía tan felices. Sienten vergüenza y creen que su entorno no les va a entender. Este hecho obstaculiza que puedan recibir asistencia y, muchas veces, retrasa su tratamiento", indica Gallego.
¿Qué provoca este alejamiento, parcial o total, del placer?
Las causas en las que existe un acuerdo unánime son las patologías neurológicas/psiquiátricas, los efectos secundarios de algunos medicamentos y la abstinencia de ciertas sustancias. "En realidad, podemos hablar de todo aquello que intervenga en el correcto funcionamiento de los circuitos de recompensa del cerebro, que son muy delicados y de los que aún se tiene poca información", añade Garcés.
Mucha resiliencia y ayuda especializada
Hay que entender la anhedonia como un proceso. Es progresiva. "Todo el mundo experimentó tristeza y asociada, una incapacidad o dificultad para disfrutar o sentir placer. Si esto se intensifica o mantiene en el tiempo, puede formar parte de los indicios de un trastorno psiquiátrico o neurológico y conviene consultar al médico de cabecera, al psiquiatra o al psicólogo, para que puedan valorarlo", aconseja Gallego.

