Paraguay fue uno de los primeros países en aplicar severas medidas contra el coronavirus, y de hecho ha cosechado muy pocas víctimas. Este semana llegó la hora de la reapertura con lo que se llamó " cuarentena inteligente". Pero el gobierno debió admitir que el "acatamiento (en el arranque) no es bueno".
La "cuarentena inteligente" comenzó el lunes con la fase uno, que permite la reincorporación de los trabajadores del sector industrial y de obras civiles, así como de empresas de prestación de servicios como peluquerías, abogados o labores domésticas.
"Podríamos decir que en estos dos primeros días el acatamiento no es bueno", dijo el viceministro de Atención Integral a la Salud y el Bienestar Social, Juan Carlos Portillo, en declaraciones recogidas por el diario paraguayo 'Última Hora'.
Portillo confió en "ir mejorando con el correr de los días", considerando "usual que en el inicio de las etapas que venimos pasando y, en particular, en el primer día laboral, se dé el descontrol".
Las autoridades paraguayas han detectado aglomeraciones en transporte público y falta o mal uso de elementos de protección como mascarillas y guantes.
Portillo recordó que las multas por infringir la "cuarentena inteligente" pueden llegar a los 173 jornales o 14 millones de guaraníes (unos 2.000 euros).
La fase uno de la desescalada en Paraguay llegará hasta el 25 de mayo, si bien el presidente del país, Mario Abdo Benítez, ya ha avanzado que, si es necesario, se retomarán las medidas preventivas. La nación suramericana cuenta 431 casos confirmados de coronavirus, con tan solo diez fallecidos.

