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El fuerte aumento de las prepagas y la migración al sistema de salud pública

Tras un aumento de alrededor del 40% durante el primer mes del año, las prepagas envían otro incremento que fluctúa entre un 30 a un 35%.

Tras un aumento de alrededor del 40% durante el primer mes del año, las prepagas envían otro incremento que fluctúa entre un 30 a un 35%. Sin embargo, continúan cobrándose copagos, también llamados “adicionales”, en muchos centros y consultorios profesionales.

¿A dónde va el aumento?

Este primer trimestre del año promete una suba del 100% de las prepagas ya que, para marzo, anuncian otro aumento que va de un 20 a un 23%. Múltiples usuarios expresaron su disconformidad en las redes sociales, porque estamos hablando de incrementos muy fuertes que el salario del grueso de los trabajadores no puede acompañar. Y, partiendo de esta realidad, podemos hablar de las dos patas del sistema de salud de nuestro país.

Por un lado, tenemos la medicina privada, en la que el usuario podría aceptar estas modificaciones si hubiera una contraprestación real, es decir, una mejora en la calidad de atención, turnos para consultas/estudios a corto plazo, centros de atención en buenas condiciones, con buen abastecimiento de insumos médicos. Sin embargo, esto no es lo que ocurre en la práctica, en muchos casos.

En la diaria, es frecuente escuchar

  • La prepaga no me autorizó el estudio.
  • No me quieren cubrir el medicamento.
  • Me dan turno para dentro de tres meses.

Además, hoy podemos ver a muchos profesionales de la salud expresando que no llegan a fin de mes. Muchas prepagas les pagan a sus prestadores con dos a tres meses de retraso (o sea, la consulta que tuviste hoy, la cobran recién en abril) y, hasta el mes de enero, una consulta médica regular, para ellos, valía de $3000 a $5000 pesos.

Esto hace que muchos prestadores tengan que aumentar sus horas de trabajo, llegando a tener jornadas extenuantes e, incluso, tener que cobrar un adicional, lo que retroalimenta un círculo de malestar generalizado entre el paciente y el prestador. Sin mencionar lo que ocurre en odontología, donde los tratamientos son más caros y el límite anual que otorgan las prepagas suelen equivaler a dos abonos mensuales.

Ahora, ¿a dónde va, realmente, el aumento? Según las prepagas están actualizando los precios que se comió la inflación durante el gobierno anterior, pero el pago a sus prestadores sigue atrasado frente a la inflación galopante que estamos teniendo.

Personalmente, creo que pagamos las consecuencias de que se haya monopolizado la medicina privada. La nula competencia hace que, las cuatro principales prepagas que contienen a la mayor parte de los usuarios puedan acordar y fijar precios sin titubeos, ya que no tienen un mercado oponente. Es decir, si te gusta el precio, bien y, si no, también, o busca otra prepaga.

El DNU 70/23, en el que el Gobierno desregula diversos sectores de la economía, permitió a las prepagas lanzarse a recomponer precios en forma inmediata, luego de meses de congelamiento. Aquellos clientes que no puedan afrontar la suba migrarán al servicio público de salud, la otra pata del sistema. La salud pública en nuestro país ha sido emblema durante mucho tiempo, pero, lamentablemente, hoy el sistema esta fracturado en sus bases.

Tenemos hospitales que se caen a pedazos, grave falta de insumos médicos, profesionales cuyo salario es menor al de un peón de la construcción, y que realizan guardias de 48 a 72 hs. Es decir, hasta que colapsan. Incluso hay hospitales que cerraron algunos servicios por falta de profesionales y es que, efectivamente, nadie trabajaría tantas horas para recibir limosnas. Hace unos días se volvió viral un video donde un médico del Hospital Argerich, en la Ciudad de Buenos Aires, tenía su guardia colapsada de gente y decía “estoy sobrepasado”.

Muchos de los pacientes en sala de espera venían de distintos puntos de la provincia de Buenos Aires. O sea, el sistema de salud público en provincia de Buenos Aires no tiene capacidad de respuesta y, por ende, la demanda de salud está recayendo sobre los pocos hospitales zonales que cuentan con un funcionamiento regular. Y no, no es casualidad que estén en CABA.

Hay que invertir en salud. El Estado tiene la obligación de recomponer su sistema de salud público para que ninguno de sus habitantes quede hacinado en los pocos hospitales que puedan dar respuesta.

Basta de abusar, sistemáticamente, de la vocación de nuestros profesionales de la salud. Son siempre el último eslabón de la cadena en ser reconocidos, siendo que son los primeros a los que acudimos ante una emergencia. Aún les debemos por el inmenso sacrificio que realizaron durante la pandemia.

La medicina es vocación, pero también tiene que ser trabajo digno. Salud y trabajo es lo que se necesita para recomponer un país. Argentina no es la excepción.

FUENTE: MdZ

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