La Real Academia Española volvió a pronunciarse con respecto al uso de la E en el lenguaje inclusivo: innecesario y ajeno. Además sostuvo que de por si el idioma ya tiene una variante par la inclusión: el masculino gramatical que “cumple esa función como termino no marcado de la oposición de género”.
Mara Glozman, Doctora en Letras. Magister en Análisis del discurso, investigadora adjunta del CONICET, docente de grado y posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras de Bs.As, habló en LV12 sobre la clasificación de la Real Academia Española sobre la utilización del lenguaje inclusivo.
“La respuesta que da la RAE dice cosas acerca de cómo funciona la RAE. Es importante tener en cuenta porque se trata de una institución normativa, prescriptiva y que no es que exactamente quien rige el funcionamiento de lo correcto en la lengua sino que, es una de las instituciones y que tiene su trama política, su inscripción en las políticas estatales españolas y tiene una cierta posición que incluye aspectos diversos de las cuestiones institucionales”, empezó diciendo Glozman.
Son posiciones distintas, por un lado la de la investigación, que busca caracterizar y describir las causas que generan las irregularidades y no determina que está bien o mal. Es una posición distinta a la de una institución prescriptiva. La RAE no va a decir otra cosa porque tiene una posición prescriptiva como rasgo constitutivo de su funcionamiento.
“Me asombra la sorpresa permanente cada vez que la RAE intervine, por sus características históricas y presentes, no puede hacer otra cosa”, recalcó.
El lenguaje inclusivo tiene que ver con formas nominales vinculadas con el nombrar, son movimientos vinculados a transformaciones, a discusiones con la identidad de género. Una persona que se identifica como persona no binaria va a usar la E para autodenominarse y va a pedir que usen la E para que la denominen porque tiene un proceso de identificación como persona no binaria. En ese caso la ley de identidad de género la va a amparar para que sea designada de ese modo porque, parte de las posibilidades de la identidad de género, es la identificación como persona no binaria.
“No le veo un mayor problema, no representa un gran cambio para la lengua pero si en términos de derecho, para estas personas que se identifican como no binarias o en casos donde no conocemos el género de las personas que están participando. Es más habilitante para el diálogo”.
La magister, mencionó también que, no es otra lengua u otro idioma o forma de escribir. Sino que se introducen ciertos cambios que son específicos Es la reacción lo que se genera, más que en relación con la comunicación y con lo que no se entiende, tiene que ver con ciertas costumbres, con la sensación que están deformando la lengua y que eso no corresponde como si fuese algo que tocara la buena moral, por cuestiones vinculadas a las tradiciones normativas. Son juegos de palabras que tienen que ver con procurar nuevos sentidos políticos vinculados, en este caso, al movimiento feminista.
Es un fenómeno global, que se manifiesta en distintos países y lenguas pero al mismo tiempo, el modo en que se manifiesta y el debate que pone en escena, tiene que ver con la historia y la relación que esas comunidades tienen con la lengua. No se da del mismo modo en Argentina que en otros países.
“El modo en que se discute el lenguaje inclusivo en Argentina toca cuestiones vinculadas con el proceso de colonización. La RAE, las relaciones lingüísticas con España. Eso no es la lengua Argentina ni es propia. Al principio habría como cierta tensión identificada entre la descripción prescriptiva de la RAE y, lo que dicta la ley argentina de identidad de género. A la hora de entrar en tensión de una lengua propia y a la vez ajena que lleva el nombre de un país que tiene que ver con el proceso de colonización”, finalizó diciendo Mara Glozman.

