La pandemia de coronavirus trajo consigo no solamente males en el plano físico, sino que también afectó la salud mental de la población. El humano es un ser social por naturaleza, por lo que las restricciones para la circulación y el aislamiento, que limitan el contacto con los demás, sumados al temor de contagiarse de COVID, generan efectos nocivos en la psiquis de las personas, pudiendo empeorar patologías previas o desencadenar males nuevos.
En este marco, el escritor y psicólogo Pablo Melicchio, en diálogo con LV12 Radio Independencia, realizó un análisis de como el contexto en el que se encuentra inserto el mundo afecta la mente de las personas y brindó algunas herramientas para mejorar la salud mental.
El especialista acuñó, en este sentido, el concepto de “pandemia mental” para definir las consecuencias psicológicas que trajo aparejada la crisis sanitaria global. “Estar el 2020 encerrados, salir por 2 o 3 meses, en donde parecía que todo iba a calmarse, y nuevamente encontrándonos en una situación como la actual, produce alteraciones en el campo mental”, sostuvo. Y añadió: “No solamente hay que cuidar el cuerpo, tratando de no contagiarse, sino también hay que cuidar la salud mental. Hay que encontrar una armonía psíquico-física”.
En este sentido, insistió en que la comunicación es fundamental. “No hay que quedarse encerrado en uno mismo, lo más importante es poner en palabras lo que sentimos, lo que pensamos. Prestar también atención al ser querido que tenemos cerca, romper nuestra burbuja. Hay muchos recursos, pero el tema es saber cómo usarlos”, remarcó.
En cuanto a cómo lidiar con los niños, explicó que sobre todo “hay que ponerles mucha palabra, explicarles que el contagio no significa muerte y que, por ahora, hay que seguirse cuidando. Hacer hincapié en el por ahora, porque eso ayuda a que todo sea menos dramático”.
Consideró también que es muy importante apoyarse en la familia. “Hay que buscar puntos de encuentros con la familia. A muchos la pandemia les trajo beneficios secundarios, porque hubo familias desencontradas que se empezaron a encontrar. Muchos que vivían afuera, se reencontraron con sus familias. Eso es muy positivo, pero no todos pudieron lograr lo mismo”, señaló.
“Y a quienes estén solos, pidan ayuda. Hay herramientas y hay personas que están dispuestas a ayudar. De esta salimos en asociación, nadie se va a salvar solo”, subrayó.
La segunda ola en una sociedad relajada
Melicchio fue prudente a la hora de buscar “culpables” por el crecimiento de los contagios que se está dando en todo el mundo, y de lo cual Argentina no es ajeno. Mientras las autoridades sanitarias y los medios de comunicación apuntan contra las fiestas clandestinas y la irresponsabilidad de los jóvenes, el especialista consideró que no se debe estigmatizar a la juventud por el contexto que estamos atravesando.
“Para los adolescentes la vida es afuera. Se tienen que desprender de sus padres y salir, porque eso es la adolescencia. ¿Cómo sostienen estar encerrados un año con sus padres? Es muy deteriorante para la salud mental de la juventud. Entonces, cuando le habilitan para salir, salen a conquistar el mundo. Lo que hay que hacer es ayudarlos a pensar y que retomen los cuidados”, remarcó.
Además, Melicchio señaló que no solo los jóvenes se han relajado en los cuidados. “Toda la población aflojó en los cuidados. Al menos en general, uno ve que en las calles se aflojó con los cuidados, tanto jóvenes como adultos. Lo que sucede es que los adultos tienen menos exposición pública. Los y las adolescentes son transgresores, porque la adolescencia es transgresión. Son naturales y espontáneos, se muestran públicamente. En cambio, los adultos se juntan, de la misma manera, pero lo hacen en casa de familia. La transgresión también es de los adultos, pero más solapado”.
“La sociedad misma es transgresora. No hay que buscar en la juventud a los culpables de la segunda ola”, sentenció.
Agrotóxicos mentales
Por otro lado, Melicchio apuntó que hay que cuidarse de los “agrotóxicos mentales”, una metáfora que utiliza para definir el exceso de información que circula con respecto a la pandemia, los contagios, la segunda ola y las muertes. “Como el exceso de los agrotóxicos en los campos que, como se sabe, es perjudicial para la salud física, el exceso de información es nocivo para salud mental”.
“La información viene como un tsunami desde todo el mundo. El campo mental queda regado con todas estas ideas que después terminan siendo un peligro para la salud mental”, concluyó.

