San Martín salió errático a la cancha y no tuvo un buen primer tiempo. El apuro por calmar las aguas con la gente pasó factura y, obviamente, que el rival pegue la cachetada que nadie esperaba aumentó el nerviosismo general en un 100%.
El golpe de efecto fue el entretiempo. El vestuario fue ese lugar necesario para reaccionar y entender que las cosas podían darse vuelta. El manejo de pelota y las llegadas estaban, solo faltaba lo más importante: marcar el empate.
Tres minutos marcaron el destino del partido. A los 66', Ostachuk vio la amarilla; a los 67', Dattola metió el frentazo para el 1-1 de San Martín y a los 69', el central de Maipú vio la segunda tarjeta y dejó a su equipo con 10.
Si 11 vs 11 y con el 1-0 a favor, Maipú se dedicó a defender la ventaja; con uno menos, directamente se olvidó de intentar inquietar a Sand. Faltaba la puñalada final, esa que le permitiera al equipo poder irse tranquilo más allá del rendimiento en líneas generales.
El cartel se levantó a los 80': ingresa Gonzalo Klusener. Ese 9 que parece destinado a aparecer en momentos concretos y con un puñado de minutos en el equipo. Hernández (de buen partido) tiró el centro y por allá donde nadie esperaba apareció "el viejito" para meter el botín y llenarse la garganta de gol.
San Martín ganó, fue un triunfo necesario y que puede marcar un quiebre pensando en el torneo. Todavía quedan cosas para que termine de convencer, pero al menos, el "Santo" y Klusener "le cantaron las 40" a Maipú para darle la felicidad al mundo "Ciruja".
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