“Aún recuerdo esa pobreza, porque no había manera de esconderlo. A veces no teníamos electricidad y tampoco podíamos festejar la Navidad o los cumpleaños”, reconoce la actriz. Parker nació el 25 de marzo de 1965 en Nelsonville, un pueblo de poco más de cinco mil habitantes ubicado en Ohio, Estados Unidos, como fruto del matrimonio entre un escritor y periodista, Stephen Parker, y una enfermera y profesora, Bárbara. Era la menor de cuatro hermanos: los mayores eran Rachel, Timothy y Pippin. Y, cuando ella tenía apenas 3 años, sus padres se separaron y su madre quedó sola al cuidado de los niños. De manera que, desde que tuvo memoria, Sarah tuvo que lidiar con las necesidades económicas.
Al abandono de su padre se le sumó el poco tiempo otro problema. Su mamá tuvo que aceptar trabajos extras de limpieza para solventar los gastos de la familia. Así. tenía poco tiempo para estar con sus hijosa. De manera que Sarah sufrió no solo por cuestiones materiales, sino también por la falta de atención que le prestaban dados los apremios cotidianos. Para colmo, al poco tiempo su progenitora volvió a formar pareja con un camionero, Paul Foster, con quien tuvo cuatro hijos más: Megan, Aaron, Andrew y Allegra. Y con tantas bocas que alimentar, no les quedó más remedio que solicitar ayuda estatal para poder llevar comida a su mesa.
“Los cobradores solían presentarse en casa y la compañía de teléfono llamaba para avisar que cortarían el servicio por falta de pago. Entonces, ya teníamos edad suficiente para atender las llamadas o ver las reacciones de mi madre, o a mis padres haciendo malabares con la plata”, explicó Sarah. En ese entonces, no podía imaginar lo que era ir a una tienda a comprar ropa de marca. Tenía que conformarse con prendas de segunda mano. Y se avergonzaba cada vez que la maestra de su escuela la llamaba para entregarle el ticket de almuerzo gratis frente a sus compañeros.
De todas formas, fue en aquellos duros años cuando se formó la personalidad arrolladora de quien luego se convertiría en una estrella de Hollywood. Nunca abandonó sus estudios. Y tomó el ejemplo de su madre, quien jamás bajó los brazos y siempre luchó para salir adelante y darle lo mejor posible a sus hijos. “Ella era muy trabajadora e intrépida a la hora de averiguar qué había disponible para nosotros. Así que íbamos al teatro, al ballet y a la ópera, porque nada de eso tenía costo”, señaló.
Gracias a esto, desde muy chica Sarah empezó a descubrir su vocación actoral. Su madre le pagó con trabajo sus primeros talleres, hasta que ella consiguió una beca por su talento. Y con apenas 8 años, en 1974 fue seleccionada para protagonizar la adaptación cinematográfica de La niña de los fósforos, para la señal televisiva NBC. A partir de ese momento, supo que tenía que hacer todo lo que estuviera a su alcance para convertirse en una estrella del espectáculo. Y, finalmente, su familia decidió mudarse a Nueva York para ayudarla a cumplir su sueño. En 1978, logró el papel principal en Los Inocentes, obra con la que se presentó en Broadway. Y luego encabezó La novicia rebelde.
“Los cobradores solían presentarse en casa y la compañía de teléfono llamaba para avisar que cortarían el servicio por falta de pago. Entonces, ya teníamos edad suficiente para atender las llamadas o ver las reacciones de mi madre, o a mis padres haciendo malabares con la plata”, explicó Sarah. En ese entonces, no podía imaginar lo que era ir a una tienda a comprar ropa de marca. Tenía que conformarse con prendas de segunda mano. Y se avergonzaba cada vez que la maestra de su escuela la llamaba para entregarle el ticket de almuerzo gratis frente a sus compañeros.
De todas formas, fue en aquellos duros años cuando se formó la personalidad arrolladora de quien luego se convertiría en una estrella de Hollywood. Nunca abandonó sus estudios. Y tomó el ejemplo de su madre, quien jamás bajó los brazos y siempre luchó para salir adelante y darle lo mejor posible a sus hijos. “Ella era muy trabajadora e intrépida a la hora de averiguar qué había disponible para nosotros. Así que íbamos al teatro, al ballet y a la ópera, porque nada de eso tenía costo”, señaló.
Gracias a esto, desde muy chica Sarah empezó a descubrir su vocación actoral. Su madre le pagó con trabajo sus primeros talleres, hasta que ella consiguió una beca por su talento. Y con apenas 8 años, en 1974 fue seleccionada para protagonizar la adaptación cinematográfica de La niña de los fósforos, para la señal televisiva NBC. A partir de ese momento, supo que tenía que hacer todo lo que estuviera a su alcance para convertirse en una estrella del espectáculo. Y, finalmente, su familia decidió mudarse a Nueva York para ayudarla a cumplir su sueño. En 1978, logró el papel principal en Los Inocentes, obra con la que se presentó en Broadway. Y luego encabezó La novicia rebelde.
Claro que, por suerte, la vida personal de Sarah no tuvo tantos altibajos como la de Bradshaw. Sí es verdad que tuvo varios romances resonados al comienzo de su carrera. Pero, en 1991, conoció a Matthew Broderick haciendo una obra de teatro en Broadway y fue el hombre definitivo. Primero entablaron una amistad, pero al tiempo él decidió pedirle una cita mediante un mensaje grabado en el contestador automático de la actriz. Y, desde entonces, nunca más se separaron. Se casaron en 1997 y tuvieron tres hijos: James Wilkie que nació en 2002 y las mellizas Tabitha y Marion, que llegaron al mundo en 2009 a través del método de subrogación de vientre. Y seguramente será junto a ellos, que hoy estará celebrando su nuevo cumpleaños.