El proyecto se desarrolla en el Instituto Superior de Investigaciones Biológicas (INSIBIO), de doble dependencia entre la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y el CONICET, bajo la dirección de la doctora Mónica Alejandra Delgado.
La propuesta apunta a una administración sencilla, por vía oral y en gotas, con una dosis anual. La estrategia busca generar defensas frente a ambos patógenos a partir de una misma formulación y está pensada especialmente para los niños.
Una vacuna oral contra dos bacterias
En diálogo con LV12, la doctora Mónica Delgado, investigadora del INSIBIO, explicó los avances del proyecto y destacó los resultados obtenidos hasta el momento en la etapa preclínica. La doctora explicó que el equipo trabaja con una cepa modificada para disminuir su capacidad de producir enfermedad.
“Tenemos una cepa que es atenuada en virulencia”, señaló la investigadora. Sobre los resultados obtenidos hasta el momento, detalló: “En nuestros ensayos preclínicos que hemos hecho en un modelo de infección animal hemos visto que actúa, que protege al operador contra la infección de estos dos grandes patógenos gastroentéricos que tanto afectan principalmente a nuestra población pediátrica, que son los niños”.
Delgado destacó además la respuesta inmunológica observada en los modelos animales: “Hemos visto que aumenta mucho la inmunidad simplemente con una dosis oral, que es lo óptimo para los chicos. En animales hemos visto que protege y que levanta muchísimo la inmunidad y previene la infección de estos dos patógenos intestinales”.
La elección de la vía oral responde también a la forma en que estos microorganismos ingresan al organismo. “Hemos tratado de inmunizar del mismo modo en que estos mecanismos producen la infección, y la infección es por alimentos, por eso se las denomina enfermedades infecciosas transmitidas por alimentos”, explicó.
“Entonces creíamos que la forma adecuada es la misma forma en que entra el patógeno al organismo, que es la forma oral”, agregó.
Un desarrollo que lleva más de 20 años
La investigación tiene una extensa trayectoria. “En este desarrollo venimos hace más de 20 años”, afirmó Delgado.
Según explicó, durante los últimos cuatro o cinco años el equipo logró avanzar específicamente en el desarrollo de la vacuna como producto final. Actualmente, la fórmula se encuentra protegida mediante secreto industrial mientras se analiza la posibilidad de avanzar hacia una patente.
El proyecto reúne a investigadores, docentes, estudiantes y personal técnico. “Somos básicamente tres investigadores del CONICET más una persona que tenemos en colaboración con otro instituto. También hay personal de apoyo técnico del CONICET, becarios, estudiantes de la Facultad de Bioquímica, principalmente los chicos que están haciendo la Licenciatura en Biotecnología que, para poder recibirse, necesitan hacer un trabajo final”, detalló.
“Entonces también está nuestro grupo integrado por estudiantes, docentes de la universidad, docentes investigadores y somos un grupo de entre ocho a diez personas”, agregó.
El trabajo conjunto entre la UNT y el CONICET
El INSIBIO funciona bajo una modalidad de doble dependencia, entre la Universidad Nacional de Tucumán y el CONICET. Para Delgado, esta característica permite combinar la investigación científica con la formación de nuevos profesionales.
“Nuestro instituto es de doble dependencia, que depende del CONICET y de la Universidad. Hacemos las dos cosas, hacemos docencia y hacemos investigación, así que tratamos de involucrar a los alumnos de las carreras de Bioquímica, de Química, de Farmacia y la Licenciatura en Biotecnología a que le tomen gusto a la investigación, que inicien algo”, sostuvo.
La investigadora remarcó la importancia de conformar equipos interdisciplinarios: “Haciendo un grupo multidisciplinario que sea docencia, investigación y que se pueda dar un poco de lo que hacemos en el laboratorio al medio”.
El financiamiento, uno de los principales desafíos
Uno de los obstáculos que enfrenta el proyecto es el financiamiento necesario para avanzar desde la etapa preclínica hacia los estudios clínicos.
“Nuestro tema principal es el desarrollo de la vacuna, que la venimos trabajando hace más de 20 años, pero los últimos cuatro, cinco años hemos logrado el desarrollo de la vacuna, que es el producto final que ahora lo tenemos protegido por secreto industrial para ver si podemos patentar”, explicó Delgado.
La investigadora señaló que el proceso para llevar una vacuna desde los estudios preclínicos hasta su aplicación en seres humanos requiere distintas etapas y una importante inversión económica.
“El gran problema que a nosotros se nos presenta es la desfinanciación que tenemos, que es tremenda, y la otra es que el proceso de aplicación de estos desarrollos en humanos tiene muchísimas etapas”, afirmó.
“Nosotros estamos en etapa preclínica, que quiere decir que todos los ensayos que se hacen en laboratorios utilizan modelos de infección animal”, explicó.
Después de esta instancia deben realizarse los estudios clínicos, que requieren la participación de pacientes y el cumplimiento de diferentes requisitos regulatorios.
“De ahí como que nos falta el dinero, porque son carísimos los ensayos, que son los estudios clínicos donde ya entra a involucrarse pacientes y son desarrollos que, aunque no lo crea, llevan mucho tiempo”, sostuvo.
En ese sentido, estimó que desde la etapa actual podrían requerirse varios años más de trabajo: “Yo creo que desde la etapa en la que estamos nosotros, calculo más de seis años, más siete años, y tenemos que cumplir con toda la reglamentación que nos manda el ANMAT”.
También buscan intervenir sobre animales portadores
Además del desarrollo de la vacuna destinada a humanos, el equipo analiza estrategias para reducir la circulación de estas bacterias en animales que pueden actuar como portadores y contribuir a la transmisión de las infecciones.
“Nosotros estamos tratando también de aplicarlos en animales que por ahí ya demostrados en animales, incrementando la inmunidad, animales que son de consumo humano y que son los que transmiten estas bacterias y con lo uno se puede contaminar”, explicó Delgado.
“Entonces también pensamos que si mejoramos la salud de aquellos animales que pueden ser portadores de estas enfermedades, podemos de algún modo solucionar el problema de las diarreas”, agregó.
¿Cuánto podría acelerarse el desarrollo con financiamiento?
Consultada sobre si contar con financiamiento permitiría reducir los plazos estimados para avanzar hacia las siguientes etapas, Delgado fue contundente.
“Muchísimo. Nosotros estamos en condiciones de hacer todo el preclínico, nosotros podemos hacer el grado regulatorio, podemos patentar, podemos empezar a establecer convenios. Eso es lo que estamos buscando, un aporte en el desarrollo que ya con eso se aceleraría muchísimo el proceso”, afirmó.
Por el momento, el desarrollo tucumano continúa en fase preclínica, con resultados obtenidos en modelos animales. El próximo desafío será conseguir los recursos necesarios para completar las etapas regulatorias, avanzar hacia los estudios clínicos y evaluar eventualmente su utilización en seres humanos.