La historia de Juani Rodriguez Abadie, una joven de tan solo 20 años puede ser tomada para muchos como un ejemplo de lucha, superación, y definirla en términos de resiliencia (en psicología es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas), pero la realidad es que su historia de vida representa un despertar para redescubrir todo el potencial que uno tiene.
"Hace dos años en una operación por una enfermedad que nada tenia que ver con mi amputación, me ingresó un virus intrahospitalario y comenzó una lucha que no me estaba permitiendo vivir", comenzaba narrando en LV12 su historia, desde dónde escribió una nueva página en su vida.
Al detectarse la enfermedad y por las consecuencias que trajo para su salud a posterior, "se tomó la decisión de amputar la pierna donde estaba ese virus, y realmente me salvaron la vida. Fue como un antes y un después", recordaba Juani. "A mas de uno le ha tocado una situación medio complicada en su vida y cuando está en la lona se plantea qué estaba haciendo antes o de qué se estaba quejando. Fue como un despertar a los 18 años y redescubirime como una nueva Juana y decidí, a partir de estar tan al límite, darme una segunda oportunidad".
La primera internación se había producido por una rabdomiolisis (ruptura de los tejidos musculares que libera una proteína dañina en la sangre), por excesivo esfuerzo en la actividad física, y por ese motivo tuvo que ingresar al hospital. "Por lo general", contaba Juana sobre la patología, "no desencadena en una amputación, lo cual llegó por otra cosa".
Luego de la operación, "me agarré de eso y empecé a vivir todos los días como si fuera el último día de mi vida porque entendí que la vida es fugaz y nadie está exento de nada".
Enfrentar el día después fue difícil, no por asimilar y aceptar la discapacidad, sino porque "hasta que llegó la prótesis un año después, fue una lucha contra el sistema. Las prótesis o cualquier insumo ortopédico cuesta muchísimo dinero, y en algunos casos hasta dos millones de pesos, es algo inaccesible para la gran mayoría de las personas, y si no cuentan con cobertura social que pueda dar algo es muy complicado. Hoy gracias a Dios la tengo y puedo hacer mi vida normal, sin ninguna limitación".
Al principio, cuando a uno le dicen "te tengo que amputar una pierna", se viene el mundo encima, "es muchísima información para procesar. Uno se imagina que la vida se terminó ahí, que no va a poder hacer más nada. Y es lógico, porque ante la falta de información uno no tiene porqué saber, pero la realidad es que no es asi. Podes hacer absolutamente todo lo que se te ocurra, y es precisamente lo que me pasó a mi".
"Un mes después que tuve la prótesis, me invitaron a tirarme en parapente, cosa que nunca hice en mi vida, le tengo pánico a las alturas y dije: obvio, dale, vamos. Y así hice con todo, vivo sola, estudio, soy absolutamente independiente. Fue en ese momento", según relata la joven, "que redescubrí el concepto de discapacidad. Me reconozco hace dos años como una persona con discapacidad y entiendo que hay que ponerle un nombre a las cosas, pero no está tan bien empleada la palabra, o la idea que uno tiene no es la correcta".
Uno de sus proyectos de vida a los 18 años, estaba centrado en cursar los estudios en abogacía. Pero me di cuenta que quizás no era realmente lo que quería hacer. Tiempo después de su operación, empezó a estudiar teatro y a medida que su historia se hacía conocida a través de las redes sociales, fue convocada por Nazarena Vélez, para participar de una obra donde "hice de Juana, era contar mi historia y fue muy gratificante a la vez". "

