Lo que había comenzado con un "proceso de reorganizar" la producción a costa de que sus empleados acepten los retiros -in-"voluntarios" terminó en despidos encubiertos para quienes decidieron mantener su fuente de trabajo en relación de dependencia. Este plan esconde de fondo el objetivo de incrementar aún más las ganancias a costa de la vida de los trabajadores de Volkswagen, ya que la empresa no puede aducir crisis alguna. El número de despedidos asciende a más de 300.
Los despidos incluyen trabajadores con enfermedades oncológicas en pleno tratamiento, con enfermedades laborales en sus brazos, hombros, espaldas, etc. generados por años de tareas repetitivas y ritmos de producción cada vez mayores. También abarca trabajadores que se encuentran a pocos años de poder prejubilarse después haber estado allí más de 30 años.
Los trabajadores despedidos anuncian que van a pelear hasta lograr las reincorporaciones, denunciando que no son descartables y que sus familias no pasaran hambre a costa de más ganancias empresariales.