El proyecto se da en el marco de la beca Humboldt, un proyecto interdisciplinario con profesionales alemanes, que busca saber cuáles son las claves en la agricultura de comunidades prehispánicas del NOA, una iniciativa que tiene como propósito conocer como la arqueología puede ayudar a mitigar los efectos del cambio climático.
En este contexto, LV12 Radio Independencia dialogó con Verónica Zucarelli, becaria postdoctoral del CONICET NOA Sur, quien participa del proyecto: "La arqueología como ciencia en nuestro país tiene mucho que aportar a todo esto porque lo que nos permite ver es un laxo temporal muy grande, podemos ir hasta miles de años atrás y ver cómo las poblaciones humanas se adaptaron, se construyeron y cambiaron con el medio ambiente. Entonces, nos permite ver los últimos mil o tres mil años y poder evaluar estas cuestiones".
Zucarelli resalta la particularidad del noroeste argentino por la "riquísima historia", donde la arqueología de la agricultura ha brindado información sobre la extraordinaria forma en la que las poblaciones prehispánicas, e incluso las actuales, han practicado la agricultura tradicional, más precisamente, en las zonas altoandinas.
Ya desde el 1980 y 1990, quienes hoy son sus directores de doctorado, habían empezado a incursionar en el tema pero fue en 2007, que Verónica comenzó a formar parte del equipo, que hoy trabaja, estudia e investiga las sierras del Alto Ancasti, en la zona este de Catamarca, todo lo que abarca el "dominio amazónico de Sudamérica" y los bosques que bajan del Amazonas, Bolivia, Jujuy y Tucumán.
Pensar la arqueología como un patrimonio cultural resulta fundamental, ya que, dice la especialista, en más del 50% de las cadenas montañosas del noroeste argentino "han sido intervenidas, aterrazadas y modificadas por el hombre hace cientos de años".
Entre sus descubrimientos han logrado conocer "la calidad de los suelos y el manejo del suelo en las terrazas agrícolas", lo que ha generado admiración por parte de otros especialistas debido a la fertilidad y riqueza en los suelos artificiales de las sierras de Ancasti, que a 1.500 años de su creación, continúan conservado no solo su calidad sino que además, "protegen de la erosión".
Más allá del análisis en las zonas montañosas, la investigadora señala que el proyecto pone énfasis en "las prácticas agrícolas en zonas selváticas", por la dificultad de poder encontrar rastros de campos de cultivos antiguos. Aún así, dice que en la Cordillera San Buenaventura, en Catamarca, han logrado registrar más de dos mil "estructuras en las selvas y en pastizales".
Por último y en la misma línea, consultada por la posibilidad de emplear las técnicas de las poblaciones prehispánicas de agricultura en la actualidad, sostiene que es posible "revalorizar estos conocimientos tradicionales" para preservar suelos y sostenerlo en el tiempo. Del mismo modo, realizar producciones que preserven los suelos, teniendo en cuenta que el mercado agrícola es una forma de empleo en muchas familias que son poseedoras de pequeñas y medianas empresas.
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