En este sentido, LV12 dialogó con Pedro Rodríguez Salazar, comandante del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Yerba Buena, quien recordó cómo nació su vocación por el servicio y repasó la actualidad de la institución.
"Mi papá me acercó a un cuartel de bomberos cerca del año 2000 y ahí empecé a caminar por esta senda de la emergencia. Así se fue dando esta vocación de servicio", relató.
Rodríguez Salazar contó que en 2008 participó de la fundación del cuartel de Yerba Buena y explicó que experiencias vividas durante su infancia también marcaron su decisión de convertirse en bombero. "Hubo un incendio cerca de mi casa cuando era chico y sentí la impotencia de no poder hacer nada. Esas cosas te van marcando y te impulsan a ocupar un espacio que hace falta", expresó.
Actualmente, el cuartel cuenta con 34 integrantes en el cuerpo activo y una comisión directiva conformada por unas siete personas. Además, destacó el crecimiento que tuvo la institución en los últimos años.
"Somos un cuartel joven, pero hemos podido adquirir una gran cantidad de equipamiento gracias a una muy buena gestión. Tenemos cinco camiones, dos camionetas y equipamiento para rescate en altura, incendios estructurales y forestales", detalló.
El comandante señaló que, si bien todavía existen necesidades, el cuartel está en condiciones de brindar una respuesta adecuada a las emergencias que se presentan en la ciudad y zonas cercanas.
También explicó que el financiamiento proviene principalmente de la Ley Nacional de Bomberos Voluntarios, aportes de organismos públicos y la colaboración de la comunidad. En ese marco, destacó que actualmente se encuentra en marcha la segunda etapa de construcción del cuartel.
"Estamos en pleno proceso de construcción de una nueva etapa de obra. La gente colabora cuando ve el crecimiento y eso nos permite seguir avanzando", sostuvo.
Al recordar algunas de las experiencias más difíciles de su carrera, Rodríguez Salazar relató un episodio ocurrido durante un incendio en un aserradero, cuando estuvo a punto de caer dentro de una estructura en llamas.
"Se hundió la chapa sobre la que estaba trabajando y quedé con la mitad del cuerpo dentro del sector incendiado. Por suerte, un compañero logró sujetarme del brazo y sacarme. Fue un momento muy complicado", recordó.
El bombero reconoció que el riesgo es una constante en la profesión y que el miedo forma parte de cada intervención.
"Cuando uno sale, no sabe si vuelve; esa es la realidad. El miedo existe y creo que es un buen aliado porque te mantiene alerta ante situaciones peligrosas", afirmó.
Por último, envió un saludo a todos los bomberos voluntarios de Tucumán y agradeció el apoyo de su familia, especialmente de sus seis hijos, a quienes definió como "el apoyo fundamental" para continuar con su labor de servicio a la comunidad.