De acuerdo con el estudio, la ingesta per cápita se ubicó en 47 kilos durante octubre, lo que significó una caída del 5,8% contra igual período de 2020.
De este modo, los habitantes de la Argentina están comiendo unos 3 kilos menos de carne por persona que el año pasado, como consecuencia directa de la suba de precios.
Pese a las medidas adoptadas por el Gobierno, como restringir las exportaciones e impulsar cortes populares a bajo precio, el consumo de carne no se recupera.
Con una inflación que sigue desgastando salarios, el habitante medio prefirió reemplazar la carne por otros cortes o directamente por otros alimentos.
A diferencia de la carne vacuna, la del cerdo ya se ubica en torno a los 20,5 kilos de consumo por habitante y el pollo, casi similar a la vacuna, con 46,5/47 kilos.
En 2008, el consumo de carne vacuna por habitante superaba los 69 kilos, por lo que el nivel actual representa una baja de casi 32%.

