Cada diciembre nos enfrenta a un ritual inevitable: mirar atrás. Ponemos pausa en la diaria que nos devora minuto a minuto , aunque sea por un ratito, y reflexionamos sobre lo vivido.
Los cierres de año y de ciclo son más que un cambio de fecha; son puertas que se cierran para abrir otras. Por esas puertas se van proyectos , entran otros , entran ideas. Por esas puertas salen personas que debían salir y entran otras que quizás no viste venir.
Reconocer que algo termina puede ser difícil, porque implica aceptar que hemos cambiado, que lo que éramos hace un año ya no es lo mismo que somos ahora.
Tenemos que saber que no está mal cambiar, es parte de la flexibilidad con la que convivimos.
Cuando termina el año pensamos en los logros que alcanzamos, las lecciones que aprendimos, de las relaciones que ganamos y de las que perdimos y sí, de las heridas que quizá aún estamos sanando.
Es reconocer lo bueno y lo malo, y darnos permiso para soltar lo que ya no nos sirve.
Una amiga me decía que siempre es bueno poner en palabras lo que nos sucede.
Que este nuevo año nos encuentre abiertos al cambio, dispuestos a crecer, y, sobre todo, con el corazón lleno de esperanza.
Feliz cierre de año, y un inicio con la energía necesaria para encarar nuevos proyectos.

