Argentina se posiciona como el país con mayor consumo de huevos a nivel mundial, con una proyección de 430 unidades por habitante durante 2026. Los datos fueron difundidos por la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas (CAPIA), en el marco de la Semana del Huevo y el Día Mundial del Huevo.
De acuerdo con las cifras del Instituto Latinoamericano del Huevo (ILH), detrás de Argentina se ubican México, con 392 huevos per cápita al año, y Colombia, con 365 unidades. Luego aparecen República Dominicana (319), Guatemala (289), Brasil (283), Chile (251), Bolivia (242), Perú (237), Honduras (215), Ecuador (196), Venezuela (160) y Cuba (50).
Durante 2025, la producción argentina alcanzó los 406 huevos por habitante, de los cuales 398 fueron destinados al mercado interno. Para 2026, CAPIA proyecta que la producción llegue a unos 440 huevos per cápita, mientras que alrededor de 430 unidades por persona tendrían como destino el consumo dentro del país.
Para Javier Prida, presidente ejecutivo de CAPIA, estos indicadores ratifican el lugar del huevo como una fuente de proteína accesible y de consumo extendido.
Las perspectivas para el sector también contemplan un crecimiento de la estructura productiva y de su impacto económico. CAPIA estima que al cierre de 2026 la cadena avícola podría superar los US$2.200 millones de facturación global y contar con aproximadamente 67 millones de gallinas ponedoras.
En materia laboral, las proyecciones de la entidad señalan que la actividad involucrará a más de 32.000 personas, entre puestos de trabajo directos e indirectos.
América Latina, en tanto, produce cerca de 196.000 millones de huevos al año, equivalentes al 13% del total mundial. Brasil se mantiene como el principal productor de la región en volumen.
Más allá del crecimiento del consumo y la producción, desde CAPIA también plantean desafíos vinculados con la competitividad de la actividad. Uno de ellos es la carga impositiva: mientras la carne de pollo y las aves en su estado natural tributan una alícuota de IVA del 10,5%, el huevo mantiene un gravamen del 21%.
Según Prida, esta diferencia “afecta su competitividad frente a otras proteínas”.
Otro de los ejes sobre los que trabaja la industria es el avance hacia modelos de economía circular. Desde CAPIA señalaron que productores e industrializadores buscan integrar las distintas etapas de la cadena, desde la transformación de los cereales en alimento para las aves hasta la comercialización del huevo fresco o procesado.
Este enfoque también contempla el aprovechamiento de materiales que tradicionalmente eran considerados residuos. El cascarón puede ser reutilizado para la elaboración de distintos subproductos, mientras que el tratamiento de los residuos orgánicos se convirtió en otro de los focos de inversión.
Entre ellos se encuentra el guano generado por las aves. Su procesamiento permite obtener materiales destinados a la utilización agrícola, como enmiendas orgánicas o fertilizantes, de acuerdo con el tratamiento técnico aplicado.
“Estamos trabajando fuertemente en el aprovechamiento integral del guano”, señaló Prida, quien destacó las inversiones que se están realizando para procesarlo y comercializarlo como enmienda orgánica o fertilizante.
Para CAPIA, estas iniciativas forman parte de una estrategia orientada a aprovechar de manera integral los recursos generados por la actividad y reducir los desperdicios.
Así, mientras el huevo consolida su presencia en la mesa argentina y el país mantiene un elevado nivel de consumo per cápita, la cadena avícola también busca avanzar en eficiencia productiva, aprovechamiento de subproductos y modelos de producción basados en la economía circular.

