“Somos los peregrinos que necesitamos ser curados y aliviados, necesitamos la luz de la esperanza en medio de tanta oscuridad”, expresó monseñor Sánchez, al hacer alusión a los numerosos tucumanos que atraviesan situaciones de dolor y carencias. “Hay muchos hermanos que viven en angustia porque no tienen el pan de cada día, el trabajo digno, los que cayeron en adicciones y sus familias sufrientes que ya no saben qué hacer…”.
A partir del relato evangélico de la multiplicación de los panes, el arzobispo invitó a la comunidad a convertirse en instrumento de esperanza para el prójimo. “Jesús no fue indiferente a la multitud angustiada. Les dio la Palabra, los sanó, les dio de comer. Y hoy nos dice a nosotros: ‘Denles de comer ustedes mismos’”, remarcó con fuerza.
Durante la homilía, monseñor Sánchez destacó el rol transformador de la Eucaristía, al señalar que Jesús se nos ofrece como alimento “para que entremos en comunión de amor con Él y entre nosotros”, y que, al recibir su Cuerpo, “se abran los ojos de la fe para amar con su mismo corazón”.
En sintonía con el Año Jubilar de la Esperanza convocado por el Papa Francisco, el arzobispo recordó que “la esperanza cristiana no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios”.
Además, pidió por los sacerdotes, los ministros extraordinarios de la comunión y todos aquellos que ejercen el servicio de la caridad: quienes visitan enfermos, acompañan a adictos, privados de la libertad, niños, jóvenes y ancianos. “Ellos son signos vivos de la esperanza de Cristo entre nosotros”, sostuvo.
“Vamos a caminar por las calles de nuestra ciudad para seguir creciendo como Iglesia peregrina de esperanza; cada día más fraterna, servidora y misericordiosa”, concluyó monseñor Sánchez, antes de impartir la bendición apostólica.