Cinco años después del inicio de la pandemia, los científicos siguen investigando cómo la infección por SARS-CoV-2 puede dejar secuelas temporales y duraderas en el cerebro, incluso en personas que cursaron cuadros leves o moderados de la enfermedad.
Los investigadores quieren indagar y categorizar el impacto en una enorme parte de la población global —unas 400 millones de personas— que, tras la infección por COVID-19, desarrolló síntomas persistentes como fatiga, niebla mental, dolores musculares, falta de aire o problemas de memoria y atención.
Marcela Brocco, Dra. en Ciencias Químicas e investigadora CONICET, sostuvo que "una persona que tuvo una infección viral se cura y al cabo de dos o tres meses aparece síntomas que antes no tenía y es lo que se está llamando Covid persistente. No se puede prever si mañana estará bien o aquejado de estos problemas".
En este sentido, agregó que los pacientes empezaron a sentir falta de concentración, fallas cognitivas. "Estamos investigando que esta pasando a nivel del cerebro de estos pacientes en nuestro caso, y otros investigadores al nivel de las articulaciones, la fatiga y las cuestiones respiratorias que muchos también tienen", dijo.
Explicó que hay investigaciones no solo en la Argentina sino también en todo el mundo. Parte del equipo participó hace poco tiempo del Congreso de Resonancia Magnética a nivel mundial y hubo otros grupos investigando imágenes y se ven estas alteraciones en distintas regiones del cerebro que "son leves, sutiles, no son grande cambios, pero evidentemente hay una huella que ha dejado la infección viral".
Contó que exploraron a 200 pacientes aproximadamente que tuvieron Covid en 20202 y 2021 y hay una tendencia a que el hecho de no haber estado vacunado la infección viral fue más agresiva y las marcas en el cerebro fueron más frecuentemente observadas.

