El país llega a esta instancia electoral en medio de un clima electoral altamente dividido. Daniel Noboa, de la Acción Democrática Nacional (ADN), y Luisa González, del Movimiento Revolución Ciudadana, llegan al balotaje con la firme intención de disputarse voto a voto el sillón de Carondelet.
Noboa buscará la continuidad del poder, mientras que González es la carta del correísmo para regresar a la presidencia después de ocho años.
Tras los ajustados resultados de la primera vuelta, Noboa y González han insistido en que aumentarán su control en las urnas para evitar las irregularidades.
Unos 92.000 delegados de los movimientos políticos están autorizados para realizar el control de los votos. A eso se sumarán observadores nacionales e internacionales, y alrededor de 100.000 miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía que custodiarán la jornada.
Noboa cuenta con Estados Unidos como principal apoyo internacional, González, en tanto representante del correísmo, regresaría al país a una posición “antiimperialista”.