entrevista | Facha Hugo Dante | LV12 Radio Independencia

Desde el Ave María hasta el Ave Fénix: entrevista histórica al Facha Hugo Dante

El prócer absoluto de la música popular fue el primer invitado del programa En el Aire, el nuevo ciclo radial de LV12 que se emite los domingos de 9 a 12.

El prócer de la música popular tucumana visitó los estudios de LV12 y brindó una riquísima entrevista en el programa En el Aire junto a un café con leche y medialunas. Repaso y emoción de una vida marcada por la tragedia, el timbal y la asombrosa capacidad para resurgir de las cenizas. Cómo conoció a Don Carlos, quién le puso Palito a Ramón Ortega y más: “El juez supremo es el público ”.

“Buenos días para toda la gran audiencia que tiene esta jerárquica emisora como es LV12, donde uno ha transitado muchos eventos, muchos lugares y muchos personajes que han pasado por esta magnífica emisora. LV12 es una de las mejores emisoras del país y no estoy exagerando”.

Estas palabras abrieron de par en par la entrevista histórica al Facha Hugo Dante, prócer absoluto de la música popular y primer invitado del programa En el Aire, el nuevo ciclo radial de nuestra emisora todos los domingos de 9 a 12.

“Aquí en LV12 hubo grandes baluartes como el mismo Jorge Bilotti. Recuerdo que nosotros veníamos y él nos abría la puerta. Era una cosa increíble porque nos daba la posibilidad de demostrar nuestras ansias, nuestros sueños, nuestras ilusiones. Y allí estaba él, como un maestro de ceremonia, dirigiendo todo, coordinando que todo esté perfecto. Y nosotros nos sentíamos prácticamente custodiados, cuidados”, cuenta el Facha en el estudio de AM590 que lleva el nombre del histórico locutor.

“Sentirse custodiado y cuidado para alguien que recién comienza como artista creo que es fundamental. Sentirse protegido desde el primer momento es fundamental. Por ello es que quiero dejar un agradecimiento enorme a tu abuelo ante su hija Viviana Bilotti, quien está aquí y tiene que sentirse orgullosa de uno de los grandes locutores que lanzó el país”, expresó el cantante, acompañado de Melina, su señora, quien compartió un rico café con leche con medialunas y unos pañuelitos de papel a lo largo de una emotiva entrevista que recorrió una vida de película signada por las tragedias y por la resiliencia.

Embed - 10/05/26 En El Aire - Entrevista al "Facha" Hugo Dante

-Facha querido, contanos cómo comenzaste. ¿Cómo comenzó tu camino, amigo?

-En primer término quiero decir que mi padre era tucumano y mi madre salteña. Cuando yo estaba en el vientre de mi madre, mi padre muere porque tenía problemas en los riñones y mi madre queda sola y se tiene que buscar su vida. Entonces ella viaja a Buenos Aires y allá se instala en la casa de una señora que era doctora partera: ahí nazco yo.

-¿Qué te pasó a los 5 años?

-A esa edad, mi madre me pone en un colegio llamado el Palacio Piria y era de un cura franciscano. A los 5 años yo ya me volvía loco con la música porque uno nace con esto y desde pequeño ya quería participar en el coro. Yo le pedía por favor al cura que me incorporara al coro, pero me dijo: “No, niño. Tienes que cumplir los siete años”. Para ingresar en el coro hay que pasar por un sinfín de pruebas: foniatría, fono, profesores de canto. Pero yo quería cantar. Yo me sabía todo porque seguía al coro y los chicos me hacían pierna. Cuando nadie se daba cuenta, me metía en el coro por detrás y cantaba. Un día reciben a un destacado padre. Eran 50 niños, de 7 a 14 años. Y yo estaba ahí, metido entre todos, cantando. Cuando el padre me descubrió infiltrado en el coro, yo creía que se venía el castigo. Los padres era muy severos y me pregunta: “¿Qué haces tú allí, niño?”. Yo sentía terror. Estaba aterrorizado. Yo lloraba, gritaba, le pedía perdón. Pero me dijo: “¿Quieres cantar, niño?”. Y me sorprendió. Yo le dije: “Sí, padre”. Trajeron una tarima porque yo era muy chiquito y flaquito y empecé a cantar el Ave María. Yo conocía y cantaba las dos versiones: la de Gounod y la de Schubert.

-Cuando creciste, un accidente a tus 15 años marcó tu vida.

-Sí. Me ocurrió en ese colegio. Yo estaba con un compañero, el hijo de la cocinera, cuando caí del cuarto piso. Ese día me rompí todo. Lo único que recuerdo es cuando me paré y los gritos. Tenía una pierna para atrás, la cabeza rota y un año y pico estuve convaleciente. Viví unos años más en Buenos Aires y ya me vine a Tucumán.

-Acá en Tucumán, de la mano de tu tío, el popular Coya Di Sarli, conociste nada más y nada menos que a Don Carlos. ¿Cómo fue tu primer encuentro?

-Efectivamente mi tío me lleva porque él veía que yo ya tenía cualidades. Él me decía: “Vos tenés que estar en un grupo. Vas a ser notable cuando te escuchen. Cuando Don Carlos me recibe, mi tío le dice: “Por favor, pruébamelo al pibe porque porque yo creo que puede generar cosas buenas”. Don Carlos lo llama al Pocho Romero, un guitarrista extraordinario, y me dijo: “¿Qué sabes cantar?”. Y yo entré a cantar música tropical. Así empezó todo con Don Carlos, quien ya se había instalado en Tucumán en el año 62 desde que deslumbró en un carnaval famoso que era por allá, por El Chañar. Don Carlos se enamoró de una tucumana Silvia Altieri, dueña de una carnicería famosa, y quedó instalado aquí en Tucumán. Pero él ya venía de un grupo muy famoso en Argentina: Carliño y su bandita. Silvio Soldán era el animador. También estaba Dino Ramos, Claudio Caramelo que cantaba, el mismo Carliño que tocaba el trombón. ¿Y sabés quién más estaba? Palito Ortega. ¿Por qué integraba esa banda? Porque Palito Ortega iba de alzabulto, mal llamado plomo.

Aquí la entrevista al Facha Hugo Dante merece una pausa porque está por contar un hecho histórico: quién le puso Palito a Ramón Bautista Ortega. “Cuando Palito Ortega va allá, a Buenos Aires, con 15 años, él andaba vendiendo café sin tala en Retiro, en la casa de un turco, que tenía venta de café, ¿no? Andaba de aquí para allá con el termo, el gorrito y la chaqueta por radio Rivadavia, El Mundo, y así se va metiendo en ese mundo increíble: vendiendo café. Un día, en la calle Monte de Oca al 1500, había un salón para ensayar. Y ahí iba Carliño. Palito Ortega andaba metido ahí, pedía que lo dejaran tocar la batería y Carliño se encariñó y él le puso palito porque era flaquísimo. Estoy contando una historia, digamos, que a muchas personas les debe interesar: cómo nació Palito Ortega. Yo soy un libro abierto.

Luego de los mensajes de nuestros oyentes entre los que se destaca un poema de Roberto Salinas, llegó el momento de poner música y qué mejor manera de hacerlo con el himno de la cumbia tucumana: “Sé que valió la espera”.

-Facha, querido, contanos cómo estás hoy, cómo está la salud, cómo estás con Meli.

-Yo vengo de unos embates tremendos. Primero, en el 2020, yo venía con salud muy buena, con mi ejercicio, mis preparativos para estar frente a un escenario porque yo soy un profesional y yo me preparo para estar delante de un público, pero de improviso nos invadió la pandemia y me agarró el COVID-19. Fuimos con mi señora Melina al hospital Padilla. Me dieron remedios, pero fue tremendo, me volteó. Menos mal que llegamos al sanatorio y ya ahí no recuerdo qué pasó. Cuando vuelvo a recordar, me encontraba en un lugar que no sabía qué era. No sabía qué hacía allí. Había estado entubado, había llegado gravísimo. No saturaba muy bien nada. Y prácticamente estábamos para viajar tocando las puertas de San Pedro. Ese era el cuadro. Estuve siete días así hasta que me desperté para el Día de la Madre. Ya me habían sacado los tubos y miré: “¿Dónde estoy? ¿Qué hago acá?”. Cuando vi que entraba alguien con una bolsa negra y sacaban los cadáveres, fue horrible. Conviví con la muerte. Lo digo esto porque ahora lo puedo contar. Pero en ese tiempo fue una cosa terrible, una época espantosa. Ahí murieron varios varios muchachos de la música como el Mudo Len. Yo estuve 21 días más y ya no quería estar más allí porque veía todos los días la muerte. Entonces le dije a mi señora: “No, yo no quiero estar acá, yo me voy a ir”. Y así fue. Firmé el alta, llegué a la casa y ahí empecé a vivir de nuevo. Si me tengo que morir, me voy a morir en mi casa. Llegamos allí y el recibimiento del barrio fue increíble. Pancartas, globos, el regreso del Maestro. Fue increíble. Toda la gente había estado haciendo cadenas de oraciones. Fue una cosa increíble. Ahí me di cuenta yo de cuánto cariño tiene la gente por mí. Yo sabía del cariño antes por la cantidad de público que iba a verme, pero no sabía que era tanto.

-Pero no terminó ahí.

-No. ¿Sabés qué me pasó al año? Tuve un ACV. Yo ya venía cantando todo y me agarré un ACV. Estaba superando el ACV y me agarró el mosquito. ¿Cómo le dicen ahora? El dengue.

-Sos inmortal, Facha.

-Y hubo más. Mi señora se había ido al cumpleaños de su nieto y yo había quedado solo porque yo ya me manejaba bien. Ya me manejaba, pero la casa era un desorden por lo que estaba de mudanza. Yo le dije a mi señora: “Andá tranquila que no hay problema, que yo me manejo”. Pero cuando fui para tomar una pastillita y quise regresar para ir a la cama, me enredé con los cables, me tropecé y me rompí la cadera.

En silla de ruedas, pero decidido a ponerse de pie, el Facha se despide: “Estoy agradecido por ponerme en contacto con la inmensa audiencia que tiene esta emisora. Yo sé que muchos amigos me están escuchando y muchos amigos pujan para que yo siga cantando, para que yo siga brindando cosas para ellos. Los que me conocen saben que yo soy un profesional. Yo nunca subí a un escenario en mal estado. Siempre lo hice con agradecimiento sabiendo que ese público que va a verme lo ha hecho con sacrificio, lo ha hecho con ansias de ver un buen espectáculo y yo se lo trato de dar de cualquier manera así que me comporto como un verdadero profesional, como manda la ley del músico. Para eso estudié: para poderme brindar. Yo sigo manteniendo mi humildad como siempre. Por eso quiero agradecerle al juez supremo que es el público”.

A modo de cierre, una reflexión de la conductora Viviana Bilotti: “Hay dos palabras que realmente me impactan y que las reconozco como valiosas y creo que, sin dudas, eso hace de un artista un gran artista. ¿Qué es gratitud? En todo momento has dicho ‘Gracias’. Agradecimiento y respeto son dos valores del ser humano, pero que hacen de un artista. Lo que vos recogés hoy, sin duda, es por ese talento que ya desbordaba desde los cinco añitos, pero la gratitud, el respeto y el reconocimiento al público me parece que es lo más lindo que se puede escuchar. Hay una dosis que sostengo que es lo que te ha ido salvando de tantos momentos atravesados y es la música. El arte cura, sana, levanta el alma de un ser humano”.

Emocionado, el Facha Hugo Dante no quiere despedirse sin unas palabras a Meli, su señora. “Quiero destacarla porque ella me cuidó. Yo considero que ella es un ángel para mí”, le dice en el aire de En el Aire y así se va, surcando el pasillo la radio hasta salir a la calle para recibir en la cara y el bigote todo el sol de otoño, todo el sol de este inolvidable domingo 10 de mayo, el día que el Facha lo contó todo al aire. Todo está En el Aire.

* Por Alfredo Aráoz

Dejá tu comentario