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España arde: El viento y el calor avivan los incendios

"Hay una forma mal entendida de cómo proteger la naturaleza de los incendios forestales” dijo un especialista.

Víctor Resco es catedrático de Ingeniería forestal de la Universidad de Lleida y tiene claro que además del viento y la ola de calor, el principal problema es un problema en la gestión de los incendios forestales en España no es de carácter económico ya que porque “sale más caro apagarlos que prevenirlos”.

Tampoco se trata de un problema científico ni técnico, “sino político”, ya que las administraciones “siguen sin hacer los deberes. Porque aunque en muchas ocasiones los incendios resultan incontrolables incluso cuando existen medidas de prevención, debido a las altas temperaturas, los fuertes vientos o la propia orografía del terreno, por lo general existe una “falta de inversión en gestión forestal” por parte de las autoridades, “un abandono rural” visible en montes, campos y bosques, donde se acumula la vegetación seca que funciona como combustible, además de que los recursos para prevenir y combatir el fuego “resultan insuficientes”.

“Sabemos qué es lo que tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer. Pero esto es un problema político, ideológico. Porque no solo hay un abandono del monte, que es muy importante, sino que también hay una forma mal entendida de cómo proteger la naturaleza”, dijo Resco .El docente explica que la intensidad del fuego en áreas protegidas puede ser mayor que en el resto porque puede verse favorecida por la continuidad del paisaje y una mayor cantidad de combustible que aumenta la severidad de las llamas.

El experto explica que los incendios forestales suelen comenzar en áreas transitadas, pero al alcanzar espacios protegidos, las llamas arden con un 20% más de intensidad y severidad que en otras zonas.

Resco asegura que quienes viven cerca de áreas protegidas tienen una probabilidad nueve veces mayor de verse afectados por incendios que quienes residen junto a bosques no protegidos. En muchos casos, al crecer la vegetación de forma abundante en esas zonas protegidas, aumenta el material inflamable y eso hace que los incendios sean más intensos y graves.

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Se podría repetir el catastrófico escenario de 2022

En 2024 se quemaron 35.603 hectáreas, casi la mitad que en 2023, cuando ardieron 71.296, cifras muy alejadas de las de 2022, que sumó 200.815 y es con diferencia el peor año en superficie forestal quemada en la última década. De momento, desde el 1 de enero y hasta el 3 de agosto, según los últimos datos, la superficie forestal quemada asciende a 39.155 hectáreas.

En los últimos días, los fuegos, algunos de ellos intencionados, han causado dos muertos y han quemado miles de hectáreas en diferentes regiones, donde también han sido desalojadas miles de personas y muchas de ellas aún no saben cuándo podrán regresar a sus hogares ni con qué se encontrarán cuando lo hagan.

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