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La Homilía de Monseñor Sánchez en la Misa Crismal

En la celebración presidida por el Arzobispo, Monseñor Carlos Sánchez, los sacerdotes renovaron sus promesas.

Para los creyentes de la religión cristiana, la Semana Santa es uno de los periodos más importantes del año litúrgico, ya que se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

En este marco, el Arzobispo, Monseñor Carlos Sánchez, presidió esta mañana la Misa Crismal en la Iglesia Catedral.

Homilía

Queridos hermanos: nuevamente nos reunimos en torno al altar del Señor en este Jueves Santo para celebrar la institución de la Eucaristía, del sacerdocio ministerial y el día de la caridad y el servicio. El Misterio Pascual de Jesucristo se actualiza en cada Eucaristía por medio del ministerio sacerdotal para alimentar y fortalecer la misión de la Iglesia.

Saludo a los fieles que están presentes de diversas comunidades, a los consagrados y de una manera especial a los sacerdotes en este día que celebramos la institución del sacerdocio ministerial y en el que vamos a renovar las promesas hechas el día de nuestra ordenación sacerdotal. Que el Espíritu Santo nos ilumine, fortalezca y encienda nuestros corazones con la caridad de Jesús, Buen Pastor.

Saludo y agradezco la presencia del Cardenal Luis Villalba, nuestro arzobispo emérito, de Mons. José María Rossi, obispo emérito de Concepción y que ambos han querido quedarse en Tucumán para seguir ejerciendo su ministerio en esta Iglesia local y lo hacen con mucha generosidad y entrega. Y también Mons. Francisco Polti, que hoy no pudo venir. Muchas gracias. Saludo al obispo auxiliar, Mons. Roberto Ferrari, que desde hace cinco años nos acompaña y me ayuda especialmente desde la fraternidad episcopal a pastorear a esta Iglesia en Tucumán. Gracias Roberto por tu fraterna y eficaz colaboración.

Este año 2026 nos alegramos por los 50 años de ordenación sacerdotal del P. Julio César Gómez Aranda y los 25 años de Daniel Clerici, Carmelo D’Elia, Leonardo Valoy y Hugo Noguera. También fueron ordenados con ellos: Francisco Rojas y Juan Viroche que se nos adelantaron a la casa del Padre… Rezamos por ellos.

Recordamos con cariño y rezamos por el P. Carlos Salica a quien el Señor llamó a su presencia el año pasado.

Agradezco el testimonio de fidelidad y entrega de los sacerdotes mayores, porque siguen sirviendo con alegría. Gracias.

Agradezco el entusiasmo, la creatividad y vitalidad en la misión de los sacerdotes jóvenes, los aliento a seguir creciendo en fraternidad presbiteral, gracias por su fe sincera y los gestos de cercanía con los sacerdotes mayores y por su disponibilidad inmediata. Gracias, muchas gracias.

Agradezco la generosidad y responsabilidad en los servicios diocesanos de los sacerdotes de la edad intermedia, que no son pocos. Gracias, muchas gracias.

Hemos escuchado la Palabra de Dios en las lecturas que nos recuerdan:

“Ustedes serán llamados sacerdotes del Señor” se les dirá Ministros de nuestro Dios… todos reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor”… (cf. Is.61,8-9) en Isaías… y en el Apocalipsis “… Jesucristo, el testigo fiel, el primero que resucitó… Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados por medio de su sangre e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre… (cf. Ap.1,6)

Somos un Reino sacerdotal por la unción bautismal. Nos lo recordó hace dos semanas el papa León en la Catequesis sobre la Lumen Gentium: “Por el Bautismo, todos los fieles reciben un sacerdocio común, que se enriquece y fortalece de modo especial con el sacramento de la Confirmación. Esta consagración está en la base de la misión común que une a los ministros ordenados y a los fieles laicos” Hemos sido constituidos como Pueblo de Dios, Iglesia en Comunión con la Participación de todos en corresponsabilidad diferenciada de vocaciones y ministerios para la MISIÓN…

Queridos sacerdotes, en este jueves santo volvemos a escuchar… “El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha consagrado por la unción”.

Nosotros hemos recibido esa gracia del sacerdocio ministerial por la fuerza del Espíritu Santo el día de nuestra ordenación sacerdotal. Seguramente recordamos con emoción ese día, cuando el obispo nos impuso las manos, luego lo hicieron los sacerdotes presentes como signo de comunión, invocando al Espíritu Santo.… Es ese mismo Espíritu derramado sobre cada uno, quien nos llama a vivir en comunión sacramental, en fraternidad presbiteral y al servicio de la Misión en la Iglesia.

A pesar de nuestra fragilidad, el Espíritu del Señor está sobre nosotros para acercar la presencia del Señor y su misericordia a los hombres con los que nos toca compartir este pedazo de historia en la arquidiócesis.

El Pueblo Santo descubre el don de Dios en nosotros y nos hace reconocer que somos don de Dios para ellos cuando nos pide la bendición, cuando nos pide que recemos por su enfermo o su difunto, cuando se acerca a buscar la misericordia del Señor en el sacramento de la penitencia, cuando nos pide consuelo, paz y fortaleza ante tantas adversidades y necesidades… a pesar de nuestra frágil condición humana, ellos reconocen la unción del Espíritu en nosotros y esa fe del pueblo de Dios alimenta la fe en nosotros del don recibido del ministerio sacerdotal. Esa unción no es para nosotros: es para llevar la Buena Noticia a los pobres, devolver la vista a los ciegos y dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia de Señor. Ahí radica la verdadera alegría y gozo del ministerio. Y no solos, sino en Comunión fraterna y eclesial. Con los otros hermanos en el presbiterio con el que formamos un cuerpo y en el que todos somos necesarios e importantes; en comunión con los laicos y consagrados para llevar a cabo la Misión en corresponsabilidad diferenciada.

Nos hemos propuesto como objetivo pastoral este año: “fortalecer la experiencia de ser una Iglesia sinodal” En comunión, con la participación de todos y para la Misión de llegar a todos con la alegría del Evangelio.

Y queremos vivir el valor de la cercanía, ofreciendo a cada hermano el abrazo del Señor, con gestos de compasión y misericordia en la vida ordinaria.

Recordemos ese hermoso mensaje que nos dejó el Papa Francisco al concluir el simposio sobre el ministerio sacerdotal en 2022 de las 4 cercanías. El año pasado lo rezamos en un retiro mensual de junio

  • Cercanía con Dios: la intimidad con Dios, y de esta relación podrá obtener todas las fuerzas necesarias para su ministerio, es el injerto que nos mantiene dentro de un vínculo de fecundidad. Por tanto: La oración en el sacerdote no es opcional… es necesaria e impostergable.
  • Cercanía con el obispo a través de la escucha obediente y en discernimiento de la voluntad de Dios. Rezando por el obispo y animándose a expresar su parecer con respeto, valor y sinceridad. Pide también de mi como obispo la humildad, la capacidad de escucha, de autocrítica y de dejarse ayudar. Por tanto, el vínculo con el obispo y su ministerio no es opcional, es sacramental y tiene que ser vital, como próvidos colaboradores suyos. Y dice el n. 72 del DF: Los presbíteros “forman con su obispo un único presbiterio” (LG 28) y colaboran con él en el discernimiento de los carismas y en el acompañamiento y guía de la Iglesia local, con particular atención al servicio de la unidad.
  • Cercanía a los sacerdotes en fraternidad, con paciencia, benignidad, respeto y compasión, valorando a cada uno y ayudando al que necesita. Dice el DF n. 72: los presbíteros están llamados a vivir la fraternidad presbiteral y a caminar juntos en el servicio pastoral. También con los presbíteros miembros de institutos de vida consagrada y de sociedades de vida apostólica, que lo enriquecen con la peculiaridad de su carisma… De este modo, también en el presbiterio se realiza un verdadero intercambio de dones con vistas a la misión. Por tanto, La fraternidad presbiteral no es opcional y al respecto dice el Papa León: “la fraternidad sacerdotal, antes que ser una tarea que realizar, es un don inherente a la gracia de la ordenación, un don que nos precede, un don de la gracia que nos hace partícipes del ministerio del obispo y se realiza en la comunión con él y con los hermanos”. Y concluye: “Ningún pastor existe por sí solo”. ( Una fidelidad que genera futuro, 14,15)
  • Cercanía con el Pueblo de Dios con los gestos y palabras de Jesús que no pasaba indiferente ante ninguna realidad y especialmente ante los más necesitados. Considerándonos también pueblo de Dios en camino… Dice el DF N. 72: En una Iglesia sinodal, los presbíteros están llamados a vivir su servicio en una actitud de cercanía a las personas, de acogida y escucha de todos, abriéndose a un estilo auténticamente sinodal. Por tanto, el estilo pastoral de Jesús de cercanía ternura y compasión misericordiosa no es opcional…

Deseo profundamente que podamos ir implementando lo que nos dice el Documento Final del sínodo en el n. 74: “La experiencia del Sínodo puede ayudar a obispos, presbíteros y diáconos a redescubrir la corresponsabilidad en el ejercicio de su ministerio, que requiere también la colaboración de otros miembros del Pueblo de Dios. Una distribución más articulada de tareas y responsabilidades, un discernimiento más valiente de lo que pertenece propiamente al ministerio ordenado y de lo que puede y debe delegarse en otros, favorecerá su ejercicio de una manera espiritualmente más sana y pastoralmente más dinámica en cada uno de sus órdenes. Esto no dejará de repercutir en unos procesos de toma de decisiones caracterizados por un estilo más claramente sinodal. También ayudará a superar el clericalismo entendido como el uso del poder en beneficio propio y la distorsión de la autoridad de la Iglesia que está al servicio del Pueblo de Dios.”

Queridos sacerdotes vamos llevando adelante la fase de implementación del Sínodo, nos queda un largo trecho todavía… de conversión de las relaciones, de los procesos y de los vínculos… conversión de la mente y del corazón para ser más sinodales, no nos cansemos… no tengamos miedo de iniciar los procesos de discernimiento y decisionales para hacer la voluntad de Dios. Caminando juntos con estilo sinodal.

Hermanos sacerdotes agradezco al Señor por la vida y ministerio cada uno de ustedes. Todos los días, frente a Jesús Eucaristía, con el P. Roberto rezamos por los enfermos, los que están en situaciones particulares, por cada uno. También por los consagrados, los seminaristas y formadores. Damos gracias a Dios por los nuevos candidatos al seminario. Nuestra alegría, entrega y servicio austero para se despierte en los jóvenes el llamado a la vida sacerdotal que seguramente el Señor ya ha sembrado.

No puedo dejar de agradecer la generosidad y disponibilidad de muchos de ustedes al asumir nuevos destinos pastorales. Gracias.

Recemos por la misión que están realizando Guillermo y Rafael en Rio Gallegos y Añatuya. Recuerden la solicitud de dos diócesis que me han solicitado un sacerdote para la misión por un tiempo…

Que el Espíritu Santo reavive el don de Dios que hemos recibido por la imposición de las manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad. (2Tim. 1,6); para seguir anunciando la alegría del Evangelio en Tucumán.

Que la Virgen de la Merced nos cuide y acompañe con su ternura maternal.

Mons. Carlos Alberto Sánchez

Arzobispo de Tucumán

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