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De la UNT al espacio: estudiar el Parkinson en microgravedad

A diferencia de los tratamientos tradicionales, este desarrollo no solo apunta a aliviar síntomas, sería un potencial neuroprotector.

En el marco del Día Mundial del Parkinson, que se conmemora cada 11 de abril, una investigación impulsada desde Tucumán abre nuevas perspectivas en la búsqueda de tratamientos más eficaces para esta enfermedad. Investigadores del Instituto de Medicina Molecular y Celular Aplicada (IMMCA), dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), el Conicet y el Ministerio de Salud Pública de Tucumán, avanzan en una nueva etapa de su trabajo: estudiar en microgravedad cómo optimizar una molécula para combatir el Parkinson y formar parte de las iniciativas internacionales que buscan diseñar fármacos en el espacio.

El proyecto se basa en Pegasus (o DAD-9), una molécula diseñada en Argentina en colaboración con investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y con el apoyo de la empresa SkyBio, que posee la licencia. A diferencia de los tratamientos tradicionales, este desarrollo no solo apunta a aliviar síntomas, sino que presenta un potencial neuroprotector. Uno de los principales desafíos es lograr que el fármaco llegue de manera eficiente al cerebro. Para eso, durante 2026 y 2027 el equipo trabajará en la optimización de su farmacocinética mediante el diseño de nanopartículas capaces de proteger la molécula y facilitar su transporte al cerebro.

Un laboratorio en el espacio

El proyecto busca avanzar hacia estudios en microgravedad, en la órbita baja terrestre que se localiza entre los 160 y hasta los 2.000 km, donde las condiciones físicas difieren de manera sustancial de las terrestres. En ese entorno, los efectos asociados al peso se reducen drásticamente: en términos simples, “todo pesa menos”. “En el espacio, las partículas se ensamblan de forma mucho más ordenada y precisa. Eso nos permite diseñar sistemas que en la Tierra son muy difíciles de lograr”, explicó Rosana Chehín, directora del IMMCA y docente de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la UNT.

Estas condiciones modifican el comportamiento de los materiales y permiten que las nanopartículas se ensamblen de manera más ordenada y precisa que en la Tierra, donde fenómenos como la sedimentación y la convección afectan su formación. El objetivo es analizar si este entorno permite obtener estructuras más homogéneas y eficientes para el transporte del fármaco.

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Para conseguir la meta, el equipo proyecta utilizar una unidad experimental diseñada para operar en el espacio, que será incorporada a un satélite. Una vez en órbita, los experimentos se realizarán de manera remota desde la Tierra y, tras el reingreso, las muestras serán recuperadas para comparar los resultados con los obtenidos en el laboratorio.

“El espacio ya no es ciencia ficción: es un nuevo laboratorio para diseñar mejores medicamentos y validar tecnologías que podrían mejorar la calidad de vida de los pacientes”, señaló Chehín. En los últimos años, distintas compañías farmacéuticas comenzaron a explorar estos entornos y ya existen antecedentes de medicamentos cuya optimización incluyó estudios en microgravedad. Si los resultados de las etapas actuales lo permiten, el proyecto podría avanzar hacia ensayos en órbita entre 2028 y 2029.

FUENTE: MediosUNT

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