La isla de Rapa Nui -también conocida como la Isla de Pascua-, un pequeño territorio con poco más de 8.000 habitantes, logró hace 14 meses lo que, por ahora, el mundo lucha por conseguir: estar libre de Covid-19. ¿La fórmula? Estrictos protocolos sanitarios, su filosofía ancestral y la auto sustentabilidad impulsada por la comunidad.
En marzo del año pasado, cuando se detectaron los primeros cuatro casos de coronavirus en el mundo, con tres ventiladores mecánicos y oxígeno para solo un paciente en el hospital local, una orden municipal determinó frenar la llegada de turistas a la reconocida Isla de Pascua, cortando la única fuente de ingresos de sus habitantes.
Esto sentó un doble desafío para los "pascuenses" en términos de sobrevivencia, pero no una dicotomía.
"La isla dejó de tener economía. Al cerrar el aeropuerto al mundo, el puente que nos une con el continente y el mundo, dejamos de tener economía, que se basa 100 % en el turismo", explicó el alcalde de Rapa Nui, Pedro Edmunds Paoa, en un encuentro virtual abierto convocado por la Universidad de Chile, en el que también participó el director del hospital Hanga Roa, Juan Pakomio Bahamondes.
El programa AMOR
Ante la pandemia y el cierre de la isla Rapa Nui al mundo, se activó de inmediato el plan de auto sustentabilidad AMOR, ideado en 2015 en la isla para hacer frente a los desafíos del futuro, y cuyo acrónimo describe una comunidad "autosustentable", gracias a "mejoras", mayores "oportunidades" y "respeto" por el medio ambiente y el ecosistema.
Edmunds Paoa explicó, además, que estos planteamientos además coinciden con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, a la vez que incorpora la cultura ancestral rapa nui, por lo que fueron reconocidos y considerados como ejemplo para el mundo por diversas agencias de la ONU, previo a la emergencia sanitaria.
De esta forma, el 16 de marzo del año pasado, la municipalidad de Rapa Nui propuso a la comunidad un "tapu", una orden sagrada para cerrar totalmente el territorio, que dista a 3.700 kilómetros del Chile continental, para fomentar la autogestión entre los isleños a través del "umanga", un concepto ancestral que evoca la colaboración y solidaridad mutua.
Esta comunidad compuesta por más de 8.000 habitantes, mitad originarios y mitad foráneos, adhirió también al concepto "ha'aoro ma'i", compuesto de dos palabras opuestas que equivalen a "vida" y "enfermedad", respectivamente, pero que juntas significan "perdón hacia el otro y el entorno".
En este escenario, la municipalidad implementó en 2020 un programa que llegó a emplear a 800 personas, de las 1.800 que habían quedado desocupadas, en funciones de mantenimiento de parques, ornamentación, reparación de fachadas y promoción del cuidado medioambiental, entre otros, que se mantienen hasta hoy y buscan renovar los paisajes de esta isla que recibía antes de la crisis hasta 16 vuelos y 5.800 turistas por semana.
El director del hospital Hanga Roa, Juan Pakomio, valoró el trabajo mancomunado y los acuerdos logrados entre el gobierno local, las instituciones públicas y la comunidad, quienes han contribuido "con un completo éxito a lo que tenemos hoy en la isla".
Recordó que hubo un momento de "temor absoluto" a este virus, por las seis horas en avión que separan a los isleños de cualquier otra ciudad chilena, lo que convertiría el traslado de pacientes graves en una odisea.
En línea con la responsabilidad de la comunidad, también se destaca el avance del plan de vacunación: a la fecha, la isla ya vacunó con dos dosis al 40% de la población objetivo.
Por ahora y a la espera de alcanzar el cien por ciento de vacunados en la isla, la comunidad prepara un estricto plan de reapertura del turismo al mundo, enfocados en el cumplimiento de exigentes medidas sanitarias y el seguimiento de los visitantes, el cuidado de la salud y el medio ambiente.

