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Riverito, en su salsa: ¡cumplió 88 años!

El locutor, creador de "La Danza de la Fortuna" y dueño del latiguillo más famoso en el mundo de los números, celebró en LV12 su icónico aniversario.

A Luis Roberto González Rivero ni siquiera le hace falta ser reconocido por el diminutivo que lo llevó a ser su carta de presentación en la televisión argentina desde hace décadas y décadas, como lo es Riverito, es el ocho el número que trae su rostro y voz a la escena. Mejor dicho, el "¡oooocho!". Es que el ideólogo del latiguillo impostado en el inconsciente colectivo argentino cumplió nada menos que ¡88 años!

Para celebrar su nuevo y especial aniversario, en un contexto adverso para el mundo, Riverito dialogó por LV12 Radio Independencia para hacer un repaso por los orígenes, tanto propios como de sus frases, y cómo lo encuentra la actualidad, en la que llevó tranquilidad: "ya no tengo a mi mujer con la que viví 50 años, tengo a mi hijo, tres nietos, uno tiene también amigos y va viviendo más o menos normal, gracias a Dios no tengo problemas económicos, así que acá estoy".

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El ¡ocho! y

El ¡ocho! y "a cruzar los dedos", referencias de un ícono de la televisión argentina.

El ocho nace en un viaje que hicimos con mi mujer, fuimos a Japón, allí se pagaba cualquier cantidad de dinero por un teléfono que tuviera la mayoría de ocho en su numero porque traía suerte. Yo ya hace tiempo que trabajaba en televisión y dije que había que pronunciarlo y destacarlo, mi mujer dijo que había que destacar algunos otros números. El que realmente tuvo más reconocimiento fue el ocho

"El "a cruzar los dedos" era propio, nada más que era una forma, manera de que se haga realidad todo lo que uno desea en la vida. De ahí surge, como si eso fuera a influir, pesar para lograr lo que uno necesita o desea", reconoció además el hombre que lleva en la locución 72 de sus 88 años de vida, una profesión que "nace por casualidad".

En torno a su inserción en la actividad que lo enalteció, Riverito remarcó: "soy de familia muy humilde, muy pobre, iba al colegio Comercial al secundario, mi viejo me dijo que tenía que trabajar o hacer algo porque sino no iba a poder seguir estudiando", por lo que recordó que "caí en una cadena de representaciones artísticas, la planta que tenía contaba con una orquesta típica, la de Ebe Bedrune, un día me dice: '¿no se anima a venderme en confiterías?', y yo dije que sí, iba a animar, contar de ganarme el mango, era lo que más deseaba. Fueron $1650 mensuales".

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