Las imágenes no tardaron en multiplicarse en redes sociales, donde los fanáticos reconstruían la escena con asombro y memoria. “En los shows de Roxette, antes de tocar ‘Joyride’, el guitarrista Christoffer Lundquist toca un fragmento de alguna canción local; en Argentina 2012 fue ‘De música ligera’ y en 2026 ‘Ji ji ji’”, comentó uno de los seguidores, trazando un puente entre épocas, ciudades y canciones, en tanto que otro no dudó en expresar: “Estuve ahí y no lo podíamos creer. Un grosso total”, con la emoción a flor de piel. Esa continuidad —ese pequeño gesto que se transforma en tradición— terminó de sellar una noche que ya tenía todos los condimentos de lo extraordinario.
Habían pasado 14 años desde la última visita, y la expectativa encontró su recompensa en dos horas de hitazos encadenados sin respiro. Desde los primeros acordes, el concierto se sostuvo sobre una certeza: el cancionero de Roxette no envejece. “The Look”, “Listen to Your Heart”, “Dressed for Success” y “Joyride” fueron desfilando con la naturalidad de los clásicos que ya no necesitan presentación, mientras el público —de distintas generaciones— respondía con una devoción intacta.
El regreso se dio en el marco de una gira internacional que comenzó en Sudáfrica, continuó por Australia y Europa, y que este 2026 recaló en Sudamérica con paradas en la Argentina, Brasil, Uruguay y Chile. Un recorrido que no solo confirma la vigencia del proyecto, sino también su capacidad de convocar multitudes en cualquier rincón del mundo
Pero había algo más flotando en el aire. Este 2026 no es un año cualquiera para la historia del grupo: se cumplen cuatro décadas desde la salida de Pearls of Passion, el álbum debut que marcó el inicio de una de las trayectorias más exitosas del pop sueco. En paralelo, “It Must Have Been Love” acaba de superar las mil millones de reproducciones en Spotify, un hito que confirma que su música no solo resiste el paso del tiempo, sino que sigue encontrando nuevas audiencias.
Sobre el escenario, el histórico Per Gessle lidera esta nueva etapa acompañado por Lena Philipsson, en una formación que inevitablemente convive con la ausencia de Marie Fredriksson. Su muerte, el 9 de diciembre de 2019, tras una larga batalla contra un tumor cerebral, marcó un antes y un después en la historia del grupo. Y, sin embargo, lejos de la nostalgia paralizante, el show en Buenos Aires funcionó como un homenaje vivo: cada canción fue también una forma de mantener su voz presente.
El cierre, como no podía ser de otra manera, encontró al estadio rendido. No hubo estridencias innecesarias ni golpes de efecto forzados. Solo canciones. Canciones que sobrevivieron a modas, a distancias y a pérdidas. Canciones que, como quedó claro, todavía tienen la capacidad de reunir a miles de personas bajo una misma emoción.
Catorce años después, Roxette volvió a Buenos Aires y convirtió la espera en celebración. Y en ese cruce improbable entre “Ji ji ji” y “Joyride”, entre Suecia y Argentina, dejó una certeza difícil de discutir: hay noches que no se repiten, pero que tampoco terminan.