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San Martín, otro año sin ascenso: ¿quién se hace cargo de la frustración?

La derrota ante Quilmes, el fin de la ilusión de clasificarse al reducido y que, además, deja sin Copa Argentina al Ciruja, profundizan la crisis deportiva e institucional.

San Martín de Tucumán está golpeado. Y no solamente por una derrota. Está golpeado porque se terminó una ilusión, porque volvió a quedarse afuera de la pelea y porque una institución de su historia, de su convocatoria y de su dimensión futbolística no puede acostumbrarse a mirar cómo otros equipos disputan las instancias decisivas mientras el Santo vuelve a hacer las valijas antes de tiempo.

La caída por 2-1 ante Quilmes, en un partido atravesado por la polémica arbitral, terminó de profundizar el malestar. Los triunfos de Colegiales y Deportivo Maipú de Mendoza dejaron al conjunto tucumano sin posibilidades de alcanzar la clasificación. Así, San Martín quedó afuera de los puestos de definición, ubicado en el décimo lugar de la tabla, lejos de ese objetivo que debería ser una obligación deportiva para un club de su magnitud: pelear por el ascenso.

Y ahí aparece la primera gran pregunta: ¿Cómo puede ser que San Martín no logre meterse entre los ocho mejores de una categoría de 18 equipos?

No se trata de desconocer los errores arbitrales ni de minimizar lo ocurrido ante Quilmes. Pero sería demasiado sencillo explicar toda una temporada a partir de un fallo, una jugada polémica o un resultado adverso. Los problemas de San Martín vienen de mucho antes. La eliminación no hace más que confirmar algo que se veía venir desde hace tiempo.

Un año sin respuestas futbolísticas

Desde la etapa de Andrés Yllana hasta la llegada de Alejandro Orfila, San Martín nunca logró encontrar la regularidad ni la identidad necesarias para convertirse en un verdadero candidato. Hubo cambios, movimientos y expectativas, pero el equipo no terminó de hacer pie.

Las lesiones complicaron el panorama, el funcionamiento colectivo nunca alcanzó la solidez esperada y los resultados fueron alejando al Santo de la pelea. Cuando un equipo cambia de entrenador y los problemas persisten, la discusión ya no puede centrarse exclusivamente en el director técnico. Hay que mirar más arriba, revisar las decisiones y preguntarse si el proyecto deportivo estuvo a la altura de las circunstancias.

La dirigencia llegó con promesas importantes, con el ascenso como horizonte y con el compromiso de poner a San Martín nuevamente entre los protagonistas. Sin embargo, las expectativas quedaron muy lejos de la realidad. La salida de Facundo Pérez Castro, quien estuvo a cargo del área futbolística, también dejó interrogantes sobre la planificación y la conducción deportiva.

¿Quién fue responsable de construir este plantel? ¿Quién tomó las decisiones? ¿Quién debe explicar por qué San Martín llegó a esta instancia sin posibilidades de clasificar?

Son preguntas que necesitan respuestas concretas, no discursos para salir del paso.

La gente también espera señales

San Martín tiene una de las hinchadas más importantes del fútbol argentino en el interior. Su gente acompaña, exige y sueña con volver a Primera División. Pero ese vínculo también necesita señales.

Las tribunas del estadio La Ciudadela no siempre mostraron la convocatoria que se espera de un equipo que supuestamente está peleando por objetivos importantes. ¿La gente dejó de acompañar? ¿Se cansó de las frustraciones? ¿Faltaron propuestas deportivas que despertaran entusiasmo? ¿La situación económica de los hinchas también influyó?

No se puede responsabilizar únicamente al público. El hincha necesita motivos para ilusionarse y, sobre todo, sentir que existe un rumbo. Cuando los resultados no aparecen y las promesas se repiten temporada tras temporada, el desgaste se vuelve inevitable.

La pasión sigue estando. Lo que empieza a agotarse es la paciencia.

Quiénes tienen que quedarse y quiénes deben irse

Haberse quedado afuera de la clasificación al torneo reducido obliga a tomar decisiones. San Martín no puede comenzar una nueva temporada como si nada hubiera pasado. Necesita una evaluación profunda del plantel, del cuerpo técnico, de la estructura futbolística y de quienes conducen el club.

Habrá que analizar qué jugadores estuvieron a la altura, quiénes pueden ser parte de una reconstrucción y qué puestos necesitan una renovación urgente. También será indispensable definir un proyecto futbolístico claro, con un entrenador respaldado por una planificación seria y una dirigencia que acompañe con decisiones coherentes.

No se trata de echar a todos ni de buscar culpables para satisfacer el enojo del momento. Se trata de determinar quiénes están capacitados para defender la camiseta de San Martín y quiénes tienen las condiciones necesarias para construir un equipo competitivo.

A eso se suma una realidad que no puede ignorarse: las dificultades económicas. Porque un club con problemas financieros necesita administrar sus recursos con inteligencia, pero también debe entender que gastar mal, improvisar y cambiar de rumbo permanentemente puede terminar siendo mucho más costoso.

¿Hasta cuándo, San Martín?

Esa es la pregunta que debería atravesar a todo el mundo rojiblanco.

¿Hasta cuándo San Martín va a permanecer en la Primera Nacional? ¿Cuántas temporadas más tendrán que pasar para que el ascenso deje de ser una promesa y se convierta en un objetivo respaldado por hechos? ¿Quiénes tienen que llegar para devolverle al club el protagonismo perdido? ¿Y quiénes deben dar un paso al costado?

Quedarse afuera de la clasificación no es una catástrofe en términos deportivos absolutos, pero para un club que aspira al ascenso y tiene la historia de San Martín, representa un fracaso difícil de disimular. Terminar décimo, sin posibilidades de pelear por el objetivo, es un resultado que exige explicaciones.

Quizás lo más preocupante no sea solamente la eliminación, sino la sensación de que el desenlace se veía venir. Que el equipo nunca terminó de convencer. Que las expectativas fueron más grandes que las respuestas. Que el hincha volvió a ilusionarse y terminó otra vez mirando desde afuera.

San Martín necesita mucho más que un cambio de nombres. Necesita un proyecto, una conducción futbolística seria, decisiones firmes y una identidad que esté a la altura de su historia.

El año deportivo ya dejó su veredicto. Ahora es el turno de la reflexión. Los dirigentes deberán explicar qué pasó, los jugadores tendrán que hacer su propia evaluación y el cuerpo técnico deberá asumir la parte que le corresponde.

La pregunta ya no es solamente por qué San Martín quedó no clasificó. La verdadera pregunta es qué va a hacer San Martín para que esto no vuelva a suceder.

Porque el ascenso no se consigue con promesas, con historia ni con el peso de una camiseta. Se construye con planificación, decisiones acertadas y un equipo que esté a la altura de lo que representa.

Y en San Martín, hace demasiado tiempo que esa deuda sigue pendiente.

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