La contaminación no solo está presente en el planeta Tierra sino que también en el espacio, tal es así que la Organización de Naciones Unidas para Asuntos Espaciales (Unoosa) ha presentado una serie de directrices para prevenir que los satélites se transformen en residuos cuando su vida útil se termine.
Antes estas medidas, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) lleva adelante el Plan Espacial Nacional, una idea que incluye el desarrollo de la capacidad de lanzamiento de los satélites del proyecto SARE, para colocarlos en órbita desde el territorio argentino mediante el lanzador Tronador II/III y la provisión de capacidades necesarias para las actividades de telemetría y telecomando.
"Hay directrices que a nivel internacional con recomendaciones para asegurar el uso sustentable del espacio, pensando en que con el aumento de la cantidad de satélites en órbita, aumenta la probabilidad de que sucedan accidentes", indicó Marcelo Colazo, astrónomo y gerente de Vinculación Tecnológica de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), a LV12 Radio Independencia.
En lo que respecta a accidentes, Colazo especificó que desde CONAE se tratan de evitar a través de misiones como SAOCOM, donde periódicamente deben realizar "ciertas maniobras para poder evitar la probable colisión con algún objeto o desecho espacial", ya que han ocurrido situaciones donde dos objetos sin control han colisionado y generado una gran cantidad de desechos nuevos.
Las precauciones que se llevan adelante para evitar la contaminación espacial, dice el astrónomo, suponen la utilización de un valioso recurso como lo es "el combustible", que es usado para poner el satélite en órbita, órbita que empieza a cambiar debido al roce, lo cual produce "que levemente el satélite pierda energía". Al utilizar este combustible para esos ajustes, "se acorta la posibilidad de cumplir la misión en esa órbita nominal".
¿Qué ocurre cuando el desecho de un satélite se dirige hacia una ciudad?
Colazo señala, que si bien se realizan todas las prevenciones para evitar que el desecho de un satélite pueda ocasionar algún daño o directamente impacte sobre la cabeza de una persona, sobre lo que sostiene que la probabilidad de que ocurra es baja pero "no es cero", puede caer ya sea en el campo o en la ciudad.
Y agrega: "Cuando uno ya no tiene control, uno hace un modelo aproximado, por ejemplo, la ventana de reingreso puede ser un día. Entonces, en ese día lo que uno contempla es qué orbitas están contenidas y dónde es probable que pueda caer, teniendo una cierta ventana y conociendo la órbita, uno puede ir haciendo ciertas aproximaciones que van mejorando con el tiempo, se va achicando la ventana y van refinando esa órbita pero más que eso no se puede hacer".
En cuanto al reingreso, indica que por el roce de la atmósfera se levanta la temperatura, lo cual debería provocar que se queme la mayor parte del satélite "pero hay casos en que cierto material pasa y objetos grandes como tanques de combustible del tamaño de un lavarropas" terminando llegando enteros.
SABIA-Mar y el Satélite Latinoamericano para el Clima
Sobre SABIA-Mar, el gerente informó que es una misión "relevante", conjunta entre Argentina y Brasil, en la que el objeto de estudio se centra en mares, océanos y costas, "con gran impacto en el cambio climático". El mismo pretende ser lanzado a finales del 2024 y a principios del año 2025.
En cuanto al Satélite Meteorológico, finalmente, detalló que siguen progresando en las "definiciones técnicas con el Servicio Meteorológico" y también con otros países de la región, ya que un satélite de este gran tamaño, sostiene, "es un tema más regional" porque impacta sobre los beneficios de toda una región.

