Los datos evidencian un deterioro en las condiciones de legitimidad electoral del oficialismo: sólo un 29,4% manifiesta que votaría por una eventual reelección, frente a un 60,7% que la rechaza, mientras que un 10,0% no tiene una posición definida.
El núcleo de apoyo al presidente se sostiene principalmente en la confianza en su liderazgo (47,0%) y en una dimensión reactiva asociada al anti-peronismo (21,6%), lo que indica que una parte relevante de su base electoral responde tanto a la adhesión como al rechazo identitario. En un segundo plano aparece la valoración de sus políticas (20,2%).
En contraste, el rechazo presenta una estructura más homogénea y anclada en la experiencia de gobierno: la mala gestión económica se consolida como principal motivo (47,0%), seguida por el incumplimiento de promesas (24,7%) y por la creciente incidencia de factores reputacionales vinculados a hechos de corrupción (21,5%). En este punto, los datos dialogan con el impacto público de las controversias recientes, que han contribuido a erosionar la credibilidad del oficialismo más allá de su núcleo duro de apoyo.
Los indicadores de clima de opinión refuerzan este escenario: un 60,6% rechaza la posibilidad de un segundo mandato, mientras que se consolidan demandas de renovación política (62,4%) y de construcción de alternativas más moderadas (46,4%). A su vez, incluso dentro del electorado original de Milei emergen señales de desgaste: un 33,9% declara haber reducido o retirado su apoyo, principalmente por la situación económica (47,7%), pero también por factores asociados a la credibilidad, como promesas incumplidas (18,9%) y percepciones de corrupción (12,7%).
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