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CEPAL: Destacan a Argentina por crear empleo post pandemia

Según la CEPAL y la OIT, la Argentina fue uno de los países que logró superar su tasa de empleo en relación a la pandemia.

La Argentina fue uno de los principales países que pudo recuperar ampliamente su tasa de ocupación en relación a los niveles previos a la pandemia. En ese podio estuvo acompañada por Bolivia y Colombia. Este análisis surge del último informe de coyuntura laboral elaborado por la CEPAL y la OIT con los datos consolidados al cierre del 2022. El trabajo destacó las diferentes políticas públicas aplicadas en cada uno de los países para permitir dicha recuperación, aunque reconoció que hubo un incremento más fuerte de la rentabilidad privada en relación a los puestos de trabajo creados. Y si bien se destacaron las políticas activas aplicadas en Argentina, el informe enfatizó que los niveles de ocupación alcanzados fueron traccionados por la creación de empleo informal. Para 2023, la CEPAL estima un crecimiento económico en la región del 1,2%, un ritmo menor al registrado el año pasado.

“En la región se recuperó exactamente el nivel de empleo anterior a la pandemia (2019) pero cuando se analiza su desempeño a nivel de los países se observa que los resultados no son homogéneos. En 2022, siete países habían superado la tasa de ocupación que registraban en 2019, con el Estado Plurinacional de Bolivia y la Argentina en los lugares más destacados”, puede leerse en el último informe de coyuntura elaborado por la Comisión Económica para la Argentina y el Caribe (CEPAL), en conjunto con la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Los países que no habían logrado recuperar sus niveles de empleo al cierre del 2022 en relación a a la pre pandemia fueron Chile, Paraguay, República Dominicana, Perú, Ecuador y México. En el caso de Argentina, la evolución en su tasa de ocupación se ubicó en el 104,7%, mientras que en el caso de Bolivia fue del 107,5%. En tercer lugar se ubicó Colombia con una tasa de evolución del 103%, y Brasil, con el 101%.

Para la CEPAL, resultaron claves las diferentes políticas públicas desplegadas en cada país que permitieron, por un lado, sostener niveles de actividad en el sector privado y, en consecuencia, recuperar puestos de trabajo perdidos.

En el caso de la Argentina, se destacaron la implementación del ATP, en el caso de las transferencias hacia las empresas para sostener los niveles de empleo durante la pandemia y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que luego de una primera etapa con cierta universalización en su aplicación, migraron hacia políticas más focalizadas.

Creció la informalidad

Los niveles de recuperación en la tasa de empleo constituyen una foto dentro de una película un tanto más compleja. Al primer rebote de la economía post pandemia, le siguió cierto amesetamiento y un descenso en la productividad del sector privado, según el análisis de la CEPAL. Como resultado, una pérdida del poder adquisitivo de los salarios al cierre de 2022.

El movimiento regional fue similar en la Argentina, que tras un incremento del 10% del PBI en 2021, le siguió un 5,2% en 2022, pero con una pérdida del poder adquisitivo de los salarios como consecuencia del proceso inflacionario. Así y todo, la CEPAL destacó que en el país se dio uno de los mayores incrementos del salario mínimo.

“La productividad laboral promedio de la región experimentó una caída en 2022, destacándose la contracción de la productividad en sectores como la industria, la construcción y el comercio. Por su parte, los salarios medios reales se estancaron en 2022, lo que contrasta con el aumento observado en 2021 y refleja el impacto de la mayor inflación”, explicó la CEPAL.

Cuando se analiza la evolución sectorial del empleo, se destaca un avance de los puestos laborales vinculados a los servicios, al mismo tiempo en que perdieron participaron rubros como la industria y la agricultura, siempre a nivel regional. Estos datos abonan la idea de que en el proceso post pandémico primó más la creación de puestos de trabajo precarios o con menores remuneraciones, que los que había antes del surgimiento del coronavirus.

En este sentido, la Argentina fue el país donde más creció la informalidad laboral, dato consolidado al cierre de 2022, con una tasa de alza del 4,1%, seguido por Ecuador (0,7%) y Chile (0,1%).

Desafíos

El trabajo elaborado por ambos organismos supranacionales proyecta para este año un crecimiento económico regional del 1,2%, un menor ritmo al registrado en 2022. “Esto redundará en un menor dinamismo en la generación de empleo, en tanto que el aumento del número de ocupados se estima que será inferior al 2%. Junto con el menor incremento del empleo, se prevé un deterioro de la calidad de este, con menores niveles de protección social y con un crecimiento de la ocupación en sectores menos productivos”, analizó la CEPAL, casi con tono de advertencia.

Por ende, con estos niveles de crecimiento de la actividad económica, se prevé que el empleo podría crecer entre un 1,0% y un 1,9%. “Preocupa la calidad de este trabajo en un contexto de bajo crecimiento, pues muy probablemente, significará que los trabajadores serán más vulnerables, tendrán menores niveles de protección social y se ubicarán en sectores menos productivos”, indicó el organismo regional para luego agregar: “Esto se traducirá en aumentos de los niveles de pobreza y desigualdad de la región”.

Este escenario pone sobre la mesa la necesidad de profundizar las diferentes políticas sociolaborales que permitan proteger las fuentes laborales y el poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras.

“Los desafíos son los siguientes: cómo sostener la puesta en marcha de los cambios productivos y las necesarias mejoras de productividad en una región con brechas tecnológicas evidentes; cómo facilitar que estas mejoras se reflejen en incrementos salariales y mejores condiciones para los trabajadores, y cómo continuar con el fortalecimiento institucional para que, en un contexto de menor crecimiento, las brechas por sexo, edad y formalidad no se amplíen”, concluyó la CEPAL.

Es decir, la implementación de políticas activas desde los Estados nacionales para proteger fuentes laborales y mejorar los niveles de productividad, casi un decálogo en contra de las ideas neoliberales que pugnan por reducir toda intervención pública.

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