A los 80 años, falleció hoy, un hombre que se convirtió en leyenda: Hugo Orlando Gatti. Sin ninguna duda, su estilo tan particular, lo convirtió en ídolo de uno de los equipos más populares del fútbol argentino, como es el Club Boca Juniors.
Más allá de su efímero paso por otras instituciones, el recuerdo del “Loco” Gatti, es defendiendo el arco del equipo auriazul, en donde obtuvo 2 Copas Libertadores de América. La primera gran conquista del conjunto de la Ribera, lo tuvo como gran protagonista, al detener aquel famoso penal que ejecutó Vanderley, en la final de 1977, frente al Cruzeiro de Belo Horizonte.
Si bien es cierto, no estuvo en el Mundial del 78, Gatti participó de forma muy activa, en la preparación del conjunto nacional con grandes actuaciones. Hay dos muy recordadas: las victorias de 1976, en Chorzow frente a Polonia, y la de Kiev frente a la URRS, en donde lució dos vestimentas muy particulares, que despertaron los comentarios de los periodistas europeos. Es que el frío era tan fuerte, que Gatti recurrió a una calza y a un gorro de lana.
Su manera de salir jugando lo convirtió en un arquero, que era capaz de habilitar a un compañero, para dejarlo en situación de gol, tal como ocurrió en el Boca 1- Estudiantes 0, de 1981.
Hugo Gatti, también defendió el arco de Atlanta (club donde surgió en las inferiores), River, Unión y Gimnasia y Esgrima de La Plata. En la historia del fútbol argentino hay nombres que brillan por su talento, otros por su carisma, y unos pocos por haber cambiado para siempre la forma de entender el juego.
Hugo Orlando Gatti, el "Loco", pertenece a esa última categoría. Con sus atajadas espectaculares, su estilo atrevido y su personalidad arrolladora, Gatti rompió moldes. Fue un arquero que jugaba con los pies cuando eso aún no se estilaba, un verdadero showman bajo los tres palos. Jugó más de 700 partidos, fue campeón, ídolo de Boca y un personaje inolvidable dentro y fuera de la cancha.
Pero más allá de los títulos, el Loco se ganó el corazón de la gente por su autenticidad. Siempre fiel a sí mismo, sin caretas, con declaraciones polémicas y actitudes que desafiaban lo establecido.
Gracias, Loco, por hacernos soñar, reír, sufrir y admirar. Porque en el fútbol, como en la vida, hay que tener un poco de locura para dejar huella. Y vos dejaste una imborrable.

